Por el placer de estar juntas hacemos juegos con palabras. Nos reunimos una vez por semana y entre café y cosas ricas, creamos letras en libertad.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Saludos de fin de año






Birlibirloque les desea FELIZ 2010


En Paz, con Amor, Salud y Trabajo


para TODOS




Como dicen los irlandeses


Que la tierra se haga camino delante de tus pasos

Que el el sol brille en tu rostro

Que el viento sople a tus espaldas

Que la llluvia caiga lentamente sobre tus campos

y hasta que nos vuelvas a visitar

que Dios te sostenga en la palma de su mano



Ocho abrazos

y ocho besos

Ella






Inadaptada, impetuosa, vital, creativa, irónica. Rebelde. Con aire de juventud. Ella,
la otra que vive en mí.
La que de pie frente a mí me invita, descaradamente, a realizar actos a veces buenos, a veces perversos. La que se pasea cerca y me hace sentir su aliento en el pelo, en la cara, sobre los hombros, rodeándome las orejas y la garganta. Pero no es opresiva es descarada.
...El otro día se instaló en la silla vacía que mira al jardín, del otro lado de mi mesa mientras escribía estas líneas. Me espiaba. Se daba cuenta de que hablaba de ella porque me sonrió seductora.
Me costaba ver a través de esta intrusa, la higuera que, desde niña, había presenciado nuestro amor-odio. Sí, me acompaña desde pequeñas.
Con sus presencias, con sus ausencias me hace dudar, y yo ¿dónde estoy?
Me concentro fuertemente, enfoco mi mirada en algo... ella se va dejándome libre.
Pero reaparece, quizás transformada en una vieja gruñona, Esa ella es la peor.
Llega arrastrando de la mano una depresión paralizante y oscura. Habla de la salud, de los dolores de piernas, de las canas o la tintura y de la juventud que fue. Antigua, de dulces brevas. Quedo a su merced, inerte, pesimista.
Nuevamente, y yo ¿dónde estoy?
Pero ella es astuta; algunas veces se disfraza de mí e instalada ahí conduce mi vida. Un instante, una semana, por tiempos que no puedo precisar.
La pierdo cuando se presenta alguna otra. Y así voy perdiendo y encontrando otras ellas que también respiran a través de mí.
Pienso: Soy como una casa de pensión llena de huéspedes, llena de esas otras que desean y buscan unirse en una danza jubilosa y final.


© Carolina Menapace

® Birlibirloque

Castillos de arena son






Ella, la otra, que me habita
Recoge vientos pasados
Construidos con amor
Castillos de arena son


Yo simplemente respondo
No llores por lo pasado
Ríe porque pasó
Castillos de arena son


Ella ríe gozosa
Recordado aquella niña
Otras veces se lamenta
Castillos de arena son


Ella llora, cuando río
disfrutando mis retoños
Dice palabras que ignoro
Castillos de arena son



© Remedios Pernas
27 / 10 / 09

® Birlibirloque

Ella, la otra que me habita







Esta otra mujer que vive en mí, impulsiva, romántica, alocada, con el paso de los años se ha calmado un poco. A veces sin que pueda contenerla se desboca, explota iracunda, ríe, llora, se entristece. Entonces debo volver a recomponer sus desatinos y no siempre me resulta sencillo; aquellos que me rodean la conocen muy bien, es la que antaño cantaba cuando hacía sus labores, la que corría al encuentro de lo desconocido, la del entusiasmo desbordante y pasajero, la de los abrazos repentinos. La que no pudieron doblegar del todo las reconvenciones maternales ni las estructuras del entorno.
A través de los años se fue haciendo más sagaz , me invade por las noches a traición avivando la nostalgia, recordándome el pasado; yo la llamo a silencio diciéndole que mejor es olvidar , que no se puede volver el tiempo atrás ni enmendar con rezos los errores.
¡Es tan distinta de lo que yo soy ahora! Que solo se parece a mí cuando escribe, cuando besa, cuando llora. Tal vez un día dejemos de pelear. Mientras tanto ella es la que se acuesta a mi lado y me susurra las letras de canciones y las poesías cuando yo no las recuerdo en las noches largas de insomnio y desasosiego.





© Myrta Zweifel
10/2009
® Birlibirloque


Las niñas





Del alto muro desolado pende un hilo...




Se bebía té a la noche.
Dolores llegaba cansada de su trabajo. Olguita, de tres años y Juanita de cuatro esperaban su llegada acurrucadas en el borde de la vereda.
Cuando su imagen lejana se acercaba se transformaba en ella ¡mamá!
Juanita aplaudía y corría a avisar a Olguita, ¡rápido, sentémonos a esperarla! Ya al lado, con cuchicheos y sonrisas de contento hablaban al unísono. -¡hum...! decía Dolores,- basta de parloteos, ¿qué me quieren contar?
Cada una a su modo le decía cuánto la quería, cómo la extrañaba, que el tiempo era largísimo en su ausencia –a pesar de estar el tío Juan que las cuidaba, peinaba sus cabellos con trenzas y moños, les servía el té con tostadas. Todo el amor que él irradiaba no era como los besos de mamá.

(Porque mamá al acostarnos a dormir con ella, una de cada lado, nos contaba cuentos con un sonido inigualable, nos calentaba si teníamos frío, nos calmaba si teníamos algún dolor porque el calor de su amor no se parecía a ningún cuento conocido y eso que los escuchábamos todas las noches repetidos, pero no importaba, sólo queríamos ese sonido arrullador.)


© María Elsa Bravo


® Birlibirloque

La sombra







Busco el ruido suave
de las sombras
clavo mis uñas en la piedra
confirmo la muda ausencia.
En las mismas horas
en que bebo el perfume
y la dulzura cruel
de las distancias.

Cuánto oculta la ficción
que agosta el mundo olvidado.

Cortinas de silencio se derraman
sobre mis ojos.
Y no hay río ni lago ni fuente
que calme esta sed.
Que me abraza.


© Lidia A. González

®Birlibirloque

Ave Fénix







Entreabrió los ojos, los párpados volvían a caer. A lo lejos el rumor de tazas, platos, voces se mezclaban con el sopor. Se hundió nuevamente en la pesadez del dueño. ¡Fénix, Fénix! El susurro de todas las mañanas,
Ella volvía. Se estiró con dificultad para encender la luz. La realidad lo golpeó una vez más. Blancas paredes envolvían su cárcel sin tiempo, sin culpa. Otro día comenzaba, igual que ayer, que mañana, que pasado mañana, igual que hace ocho años sin meses, sin fechas, siempre igual.

-! Levantate! Se te hace tarde!
-Cómo que no vas a trabajar? ¡Eso no está bien!
-Hace tres días que no salís de la pieza… ¿que te pasa?

No está bien, claro que no estoy bien. Esas voces, las escuchaba, yo te juro que las escuchaba mamita, no te mentía, querían matarme, estaban detrás de la puerta, agazapados, tenía que estar despierto todo el tiempo, me querían llevar, no podía dormir. Ahora se fueron… igual que vos… pero yo sé que no me dejaste, te escucho todas las mañanas.
Bajó de la cama. Fue al baño. Se mojó la cara para despejar la modorra. Sacó la campera de abajo del colchón. Tenía muchos bolsillos en donde guardaba tesoros que escondía de las manos largas que en las noches de somníferos intentaban arrebatárselos. Se la puso. Jacinto su compañero de habitación le habló. Salió sin contestar.
Caminó por el pasillo junto a los otros que como autómatas enfilaban hacia el comedor.
¡Hola Fénix! Margarita le sonrió mientras le ponía delante el jarro con té y un pan.
¡Hola linda! La miró. ¡Está buena! Buen culo, buenas tetas. Un estudio integrado, arrastrado en años, su condición de hombre-macho perduraba.
-¿Querés que te cante un tanguito?
Eran su especialidad. Grabados en la memoria, resistieron. ¡Me sé 800!
Los impulsos eléctricos no pudieron con ellos, anularon, ¿qué anularon?
Recuerdos, momentos, vivencias, son olvidos que ya no cuentan.
-Ahora no, más tarde.
Salió al jardín. Asomaban los primeros rayos de sol. Un cigarrillo, el primero del paquete diario. Callados amigos, incondicionales. El humo llevaba sus sueños. Las monedas tintineaban en el bolsillo. Miró el reloj.
Es muy temprano para llamarla, espero un rato más.
Miró el palo borracho, gordo, panzón, sin hojas, desnudo como él.

-Tiene una boca enorme!. Me quiere tragar, ¿no la ves mamita? La abre muy grande, la lengua verde, llena de pinches.
-Señora este muchacho necesita una vida ordenada, sin sobresaltos, con esta medicación que es la adecuada y que lo acompañará el resto de su vida.

¡Colo! ¡Negrito! ¡Bianca! ¡Gris! Dorita caminaba tambaleante sosteniendo un plato con migas de pan mojado en leche mientras los gatos impacientes zigzagueaban entre sus viejas zapatillas. Eran toda la razón de su vida.
Fénix la miró sin verla. Dorita se detuvo, lo miró también con esa expresión de inocencia que tienen los perdidos.
-Viste cómo me quieren?- musitó. El sacudió la cabeza asintiendo. Camina como un gato, maúlla como un gato, es un gato.

-¡Hola Elena! – cayó la moneda.
….
-¿Venís mañana no?
…….
…Estás enferma? Que tenés?

-Bueno, te llamo mañana, que te mejores. ¡Cuidate!

Elena, su hermana, la única que lo conectaba con el mundo exterior, con ese mundo que le había dado la espalda. Cada quince días venía a visitarlo. Le traía ropa limpia, lo llevaba a tomar un café. Vivía entonces. Caminaban siempre por la misma vereda, entraban siempre al mismo bar, en la misma mesa, en el mismo sitio, siempre pedía lo mismo. ¡No me gustan los cambios! Compraba caramelos y cigarrillos en el mismo quiosco.
El ritual se repetía miércoles por medio. En su calendario la vida se remitía a esos esperados días y cómo su signado nombre volvía a renacer en ellos, renacía una y otra vez como el ave Fénix.




© Erica Schworer

® Birlibirloque

Insaciable







Insaciable
el territorio que late debajo de la piel gastada
Respiré y bebí ese vino
aquel aliento que sube desde la plegaria.
Las grietas de mis labios hablan de otros vinos
otras palabras.
Otros son los ojos que miran con mis cristales
el cuerpo que se abandona
desencontrado con la noche.
Otra la mirada que alerta.
Estira pliegues memoriosos.
-los que recuerdan detalles amanecidos en el alma-
Insaciable, la espera confidente
segundos que escapan del ritmo certero
de la amargura riendo a mi espalda
cuando pasan al ayer cenizas
de sueños que proyecté esta mañana.
-No es padecer lo que me habita y se instala-
Soy trozos de un sueño fragmentado.
Un ángel de mirada esquiva y lira sin cuerdas dice al oído:
Ni angustias, ni temores.
Y vuelvo (sin mirar los escombros de realidad)
a soñarme entera.
Soy aquella que me sueña y esta que mira por dentro
la que suelta lágrimas y captura versos.
Porque cuando se ha respirado el corazón de una rosa
no hay sol
no hay estrellas para recuperar el sentido.
-Ya no se regresa del espacio donde cabe el fuego-
El tiempo abre su boca ávido, la conciencia declina
encerrada por los bordes del anhelo.
Insaciable
cuando todo huele a nunca y a hora malgastada.



© Cecilia Ortiz

® Birlibirloque

Recuerda





Me dices: “Perdona”
Te digo: Recuerda!
Te has hecho a ti mismo un mal terrible,
Amputaste para siempre tu persona,
Si hasta los tuyos sienten pena
De ser carne y apellido de semejante fiera.

Me dices: “Perdona”
Te digo: Recuerda!
Fue su llanto que llegó a tu oído.
Su sangre que salpicó tu cara.
Sus huesos y sus carnes los que tiraste al río.
Sus hijos los que sufrieron tu desvío.

Me dices:”Eran órdenes…”
Te digo: Recuerda!
Fue tu poder que acalló sus voces.
Fue tu mano que apretó sus cuellos.
Fue tu bota que partió sus cráneos.
Quedaste tú, se fueron para siempre ellos.

Me dices: “Eran bestias…”
Te digo: Recuerda!
Eran niños que extraviaste.
Eran hombres atados que hasta el cansancio golpeaste.
Jóvenes que al río tiraste.
Parturientas que encapuchaste…

Me dices: “Perdona”
Te digo: RECUERDA!... RECUERDA!... RECUERDA!...



© Irma Acuña

® Birlibirloque


sábado, 28 de noviembre de 2009

Quererte fue como andar en la luz







Comíamos los brotes de las rosas y bebíamos las flores de las madreselvas. Cuando nos escondíamos creíamos ser invisibles y cambiar de forma al jugara las estatuas. Que nuestras heridas se curaban al instante. Si abríamos los brazos podíamos volar alrededor del patio y saltando en un pie, llegábamos al cielo.
No nos convertimos en dioses a pesar de todo, solo crecimos. Los juegos de la infancia desaparecieron después que perdimos la inocencia,
Cuando llegó el amor fue como descubrir un mundo nuevo. Todas las cosas, el sol, los pájaros, la vida, tenían otro color.. Sentir el estremecimiento de todo mi ser al rozar tu piel, al oír tu voz. Caminar abrazados por el camino aquél bordeado de árboles altos que cantaban allá arriba entre las hojas exhalando olor a pino y eucaliptos, en los atardeceres de verano, fue como andar en la luz más pura.
¿En qué cruce del camino nos soltamos de la mano? No recuerdo si hubo llanto, reproches, si nos separamos en silencio o porque sí. Solo sé que la dulzura que me invade al recordar ese primer amor, nubla mis ojos y vuelvo a sentirme niña, ligera, limpia; como cuando libábamos las perfumadas madreselvas y cortábamos los brotes del rosal, soñando que éramos inmortales y que nada en nuestro mundo tendría fin.






© Myrta Zweifel

® Birlibirloque

Divina trinidad madre







Madre manejaba el coche, la librería, las decisiones importantes de la casa, y la vida dentro de ella.
Usaba los labios pintados de rojo y un rodete rígido y negro, manejaba su humanidad con forma de heladera con actitud y decisión.
Al comienzo del día taconeaba hasta la puerta de entrada con un vestido de flores chiquitas y la cartera de cuero cuadrada en la mano, me buscaba con la mirada, y antes de subirse al Rambler negro me daba la primer orden del día, desde el extremo del índice, que siempre fue la misma: “Sé una buena niña hoy”. Y yo siempre creí cumplir.
Mami administraba la cosa domestica y lo hacia con la energía de un cuerpo fibroso y rápido. Esto es la limpieza, el orden, los manteles blanqueándose al sol, mis vestidos copiados de figurines, los escones de la tarde, las compras, los carteles.Porque en esta casa blanca y con un gran árbol en el frente, mami asignaba un lugar para cada cosa, y cada una debía estar en ese justo lugar que ella rotulaba, “cocina”, “escalera”, “parra”, “calcetines”, “cuchillos”, innecesarios a mi entender.
Para madre yo tenía una curiosidad morbosa y desvergonzada que había que amputar de raíz, pero eso siempre fue algo muy dificilito porque venía conmigo desde la misma médula.
Para mamita, su función fue ser mi sombra. Cuando a la mañana abría mis ojos, me encontraba con los de ella y a la noche, eran lo último que veía.
Al levantarme cada día yo estiraba la mano y mamita me iba alcanzando el cepillo con la pasta puesta, el vaso con agua, la toalla, las medias, el vestido, los zapatos. Y mientras yo me peinaba, porque nunca supo hacerme las trenzas, mamita hacía su cama y la mía e iba detrás de mí poniendo cada cosa tirada en su justo lugar rotulado.
Teníamos una rutina ordenada y fija, porque así deben funcionar las casas.
Cuando a madre el rodete se le puso blanco, la rutina cambió. Dejó de trabajar en la librería, vendió el Rambler negro, y trajo a Ramona para los quehaceres domésticos más pesados, y a mi me trajo a Pupita una perra que embarraba la sala, y masticaba las flores.
Yo siempre estaba leyendo porque era la manera de domesticar mi curiosidad, así se sucedieron mis clases de piano, de ajedrez, de pintura y escultura, mis lecturas de filosofía y literatura. Siempre junto a mamita y Pupita.
Mi infancia ha quedado lejos, la casa sigue blanca y con el árbol en el frente, pero quedamos mamita que está muriéndose y yo.
He dejado mis clases de piano del Instituto Superior de Música de Madrid para correr a Buenos Aires a asistirla.
De tanto en tanto abre los ojos, encuentra los míos y extiende la mano. Yo le alcanzo el vaso con agua, que rechaza, le tomo la mano, y eso no es, está inquieta.
¿“Qué quieres decirme mamita?”
Pero mamita no dice nada, como siempre. Ella nunca ha hablado. Le alcanzo un papel y una lapicera, entonces escribe “MAMA”, el papel queda sobre su pecho y se duerme por el esfuerzo.
Me paro y descorro la cortina. Recuerdo que tenía flores rosas que ya no están. Miro por la ventana puedo ver la parra donde tomábamos el té con escones las tardes de verano, y donde hacíamos todas nuestras celebraciones, navidad, año nuevo, cumpleaños y el día de la madre. Recuerdo que para ese día yo hacía tres cartitas con dibujos y palabras amorosas.
Las amé mucho, y ellas, sé, me amaron mucho. Solamente quise saber toda mi vida quién de estas tres madres era mi madre de panza. Siempre sentí que tenía derecho a saberlo. Una a una ha muerto y me han dejado sola y sin respuesta, sin esta verdad que no era desmesurada, sino una pregunta simple que no quedó saciada ni con arte ni con ciencia.
Pero a cada tímida insinuación era para ellas un escandaloso insulto. Que debían castigar o distraer.
A los seis les pregunté a las tres juntas reunidas bajo la parra, ¿“porqué yo no tengo papá?”. Mamita abrió los ojos grandes y empezó a lloriquear, mami empezó a retirar la vajilla, madre se fue y apareció con un libro que debía leer, porque dijo, que yo era muy inteligente.
A los ocho, otra vez en una reunión pregunté, ¿“porqué yo no tengo hermanos?” Y otra vez ese clima de “a correr, que se viene un terremoto”. Pero al otro día madre me trajo a Pupita.
Con los años cada vez que me asaltaba la duda en vez de preguntar iba derecho a tocar el piano, o comenzaba la lectura de un nuevo libro, pero esa pregunta se me agigantaba en el pecho y me latía en la garganta.
Entonces madre me anotó en el Conservatorio para la carrera de pianista.
La música me sosegaba, me transportaba a otro mundo y me hacía bien dominar la teclas y golpearlas con furia y ensordecer, era una forma permitida de gritar y hacerme oír, de revelarme.
Ramona me avisa que mamita ha muerto y siento que me han sacado la mitad de mi cuerpo, que no puedo respirar, que no quiero respirar.
Recorro los cuadros con fotos familiares tan conocidas colgadas en las paredes.
Todas tienen cartelitos, como si fuera necesario!
“Foto familiar 1948: Teresa, Margarita, Gladys” las tres solteronas posan junto al árbol del frente.
“Foto familiar: 1956: Madre, Mami, Mamita y Clarita” y las tres damas posan en el mismo lugar y yo muy bebé en brazos de mamita.
Y pienso, cuantas historias habrá detrás de una historia. ¿Porque estas mujeres eligieron vivir juntas, con un secreto hecho carne y curiosidad?
Debo cerrar el ataúd e instintivamente tomo el papel escrito por mamita y lo dejo sobre su pecho. No se que pensé, tal vez como mamita necesitaba los carteles tal vez quiso tener su ultimo cartel.
Las lágrimas me corren por la cara. Ramona saca el papel y me lo da “Esto es para Ud. Clarita” y yo me lo guardo en el bolsillo y salgo, necesito aire y luz. Me voy bajo la parra a pensar mi vida, a revisar esos momentos que fotográficamente el recuerdo me acaricia. Mamita y yo contando las estrellas tiradas sobre la hierba, mamita sentada a mi lado mientras yo desafinaba el piano. Mamita y yo soplando las velas de mi torta de cumpleaños que sobre la base tenía un cartel que decía “torta de cumpleaños de Clarita”.Yo nunca pedí tres deseos, solo pedía uno, porque sacrificaba dos para que el uno que pedía tuviera más fuerza, y siempre era el mismo deseo: conocer mi panza- madre. Pero con esta muerte, muere también mi esperanza.
De todos modos, no me voy a tocar el piano, ni con la lectura, porque no busco desahogarme ni distraerme, sino hilvanar el entramado de mi historia simplemente recordando y escribiendo, quiero mirar hacia mí y dejarlo todo registrado.
Una fresca brisa me envuelve, me pongo las manos en los bolsillos y me gusta pensar que el viento y el tiempo traerán la respuesta.



© Irma Acuña

Octubre-08

® Birlibirloque

La televisión sigue prendida








No es lo mismo...
El ojo salvaje que un salvaje en el ojo.
La vie en Rose que Rosa en la vía.
Un pulmón de acero que acero en un pulmón.
Fumarte un cigarrillo que el cigarrillo te fume.
Comprarte una TV que la TV te compre.•

Eran muy ruidosas. La tarde está fría. Los albañiles se van terminado su día y el
camión sigue girando. Se fueron alegres.
La primavera asoma en los árboles. Tengo que ir al dentista.
Una señora toma café y sonríe, se va y me sonríe. Sonrisas. Tres jóvenes aunque no tanto se sientan próximos a la ventana.
Distraída saludo a Clelia. Se rompió la nariz. Textual.
Estoy con la boca abierta. Ya van dos horas. No sé quien soy con la boca abierta.
Soy una boca.
Pongo imagen de flores en la pantalla.
Me ocupo, me desocupo, me vuelvo a ocupar.
Es de noche y salgo a caminar. Como los gatos.
Llamó Hugo. Josefina ha muerto.
La televisión sigue prendida.•



© Carolina Menapace
® Birlibirloque

La do ble vi da de Me dardo










Dardo pedaleaba barranca abajo veloz como su deseo

Melina desde lo alto empequeñecía los ojos mirándolo alejarse ignorando su destino

Detrás de las ventanas deambulaban bostezos de tedio pegándose a los vidrios helados
de casas grises de calles angostas de pueblo perdido de seres incoloros

Dardo huía de las filosas miradas que acompañaban su raudo descenso

Viva era la urgencia …. de la otra dama que esperaba en un tibio lecho de

Dobles almohadas

La noche llevó en el viento los jadeos a la barranca alta



© Erica Schworer

® Birlibirloque

Del alto muro desolado pende un hilo




Desde lo profundo de la tierra
vibra un coro de lamentos.
Nadie oye.
Los que aún caminan, se empecinan
desenredando los hilos del presente.
No desean oír.
Enmadejan las tramas futuras.

Erráticas miradas sobrevuelan
las calles solitarias.
Cuentan sombras,
llevando el cordón de la memoria
a las tinieblas del olvido.

Pegado al terciopelo de la noche,
del alto muro desolado
pende un hilo
fugitivo de la vida.

Ha cesado el canto de los pájaros.
El horror cosió los labios.

Las manos extendidas,
vacías.





© Lidia A, González

® Birlibirloque

Mixtura











... la vida continúa con su bella y amarga sonrisa..

... marginada dejó de mecerse como palmeras....

...paralelas a la tierra, raíces retorcidas flotan...


.. gamas de colores, ventanas del alma...

...fluyen libres de ataduras...










© Maria Elsa Bravo

® Birlibirloque

La caja misteriosa







Siendo niña muchas cosas provocaban mi curiosidad, una era sin duda la caja que tenía mi hermana celosamente guardada en su dormitorio.
¡No se toca ni se abre¡ - ese mandato aumentaba más mi intriga por saber el contenido, es lógico “lo prohibido es lo más deseado”.
Una tarde escuchando a mi padre contar esos fantásticos cuentos o leyendas que iban desde las delirantes aventuras de Don Quijote hasta las prodigiosas hazañas de piratas o los increíbles hechizos del Mago Merlín, me relató uno que me dejó muy preocupada.
Empezó diciendo, en épocas muy remotas un Dios Griego trajo a la tierra una hermosa joven, dotada de los encantos que puede desear una mujer, belleza, sabiduría inteligencia, pero también la dotó de curiosidad.
Esa bella joven se llamaba Pandora, habitaba una casa muy confortable con jardines llenos de flores, sirvientes que la complacían en todo, pero el Dios que la trajo le recomendó que cuidara de una caja y que por ningún motivo la debiera abrir.
Pandora pasaba los días muy feliz, pero poco a poco fue creciendo en ella la curiosidad por conocer el contenido de la caja, finamente un día abrió la tapa para mirar dentro. En ese mismo momento escaparon de la caja una multitud de plagas, enfermedades y la envidia, la ira y la venganza.
Pandora se apresuró a cerrar la caja, pero ya era tarde, el contenido de la caja había escapado, una sola cosa reposaba en el fondo, esa era la esperanza. Por eso mientras tengamos esperanza, ningún mal puede derrotarnos completamente.

La historia contada por mi padre, me dejó una enseñanza.
Por más curiosidad que tenga por saber el secreto de otro (como el que guardaba mi hermana en la caja) remplazaré la curiosidad por esperanza.




® Remedios Pernas
3 / 11 / 08

® Birlibirloque

Apenas un eco










He olvidado la memoria.
Mis vestiduras de estrella.
Los atávicos encajes
de un sin fin de espejismos
amarrados a la vida.
Una garza crece en mi carne.
Sobre el agua clara las alas
vierten la figura blanca de aquella
que una vez fui
y nunca regresa.


Apenas un eco vuelve sobre la esperanza.

He olvidado la memoria.
Busqué los disfraces del cuerpo.
Un cristal cubierto de blondas
desdobla
misterios de arena y pájaros.

No reconozco
este cuerpo de plumas al aire.

He olvidado la memoria.
Le prohíbo el regreso al sentir.
Mi rostro aparece detrás de una máscara.

Las manos dibujan en silencio
el deseado milagro.
La herida cerrada.



© Cecilia Ortiz

® Birlibirloque


jueves, 29 de octubre de 2009

Una manzana en ocho gajos- gajo uno

¿Un acto simple?














Entreabrió la boca, la observó con un ademán distraído, la giró lentamente estudiando el mejor lugar para comenzar.
Una hilera de dientes blancos se asomaron listos para el ataque que llego crujiente, con ese sonido inconfundible que se produce al morder una manzana.
Contemplo la escena a escasa distancia, no puedo dejar de mirarlo, observo hasta el mínimo detalle con embeleso.
Unas gotas del jugo de la fruta que se veía deliciosa resbaló lenta por la comisura de sus labios.
Puedo sentir en mi boca el placer del gusto, miro fascinada el sencillo acto, el gozo simple de la pulpa deshaciéndose, resbalando por la garganta, refrescando su interior.
Abstraído en el quehacer sostenía entre los dedos la manzana mientras buscaba con la mirada las leves mordidas, pequeñas jugosas blancas protuberancias que llevaba a la boca en delicados acosos.
Luego la secuencia continuaba.
Percibo la voluptuosidad de Adán, el asombro de Eva, el encanto de gestos que parecen insignificantes.


Hubiera sido fácil filmar la escena pero imposible lo que pasaba por mi mente.



© Erica Schworer

® Birlibirloque

Una manzana en ocho gajos- gajo dos

La casa blanca de aquella manzana verde










Era un barrio de manzanas verdes, todas iguales. Lo único que lo destacaba era la arboleda con árboles encopetados tan altos que tocaban el cielo. Frondosos y magníficos.
Pero, también era un barrio muy viejo y tremendamente aburrido. No sucedía nada que pudiera contarse, a no ser que nos concentráramos en los gestos mínimos y cotidianos, en la vida doméstica, en la religión dominical o en algún chisme novedoso. Se podría preguntar ¿a la sombra de tan bellos árboles nunca ocurrió algo digno de unas líneas apuradas? Nadie contesta. Todos prosiguen una rutina casi pueblera. Se siente en el aire...
Me bajé del auto al pasar la panadería y, después de saludar a Doña Carmen, enfilé hacia la casa de mi padre. Aunque él ya no está, la casa sigue en pie esperando su destino final, la demolición.
La casa había sido el orgullo y la distinción de la manzana o más bien de la cuadra. Un friso artesonado coronaba los cinco metros de altura de un frente color blanco oro, con molduras. La verja del balcón dibujaba en hierro una filigrana de hojas y tallos rematados en bronce evocando otras enredaderas más floridas o más verdes.
Y me veo trepándola en las siestas del verano, apurado en escaparme a jugar el partido de fútbol en el campito de Don Julián con mis amigos.
Veo a Madre, detrás del visillo, amenazándome con su mano pero sin disimular su complicidad.
Veo a Padre salir por la puerta con arco y vitral, puerta por la que se espiaban un zaguán de baldosas de granito a rombos y una paredes de mármoles blanco y rosado. Y tanta limpieza en las molduras y mucho plumero en las paredes. Y blancas cortinas de encaje almidonado o de muselina, según donde se mirara. Y olor a cera nueva y a citronella.
Por cierto, la casa tenía la belleza sencilla de fin del siglo diecinueve, época en la que se había construido. Nosotros fuimos a vivir ahí cuando Padre decidió abrir su estudio en la Capital. Recuerdo que una vez, siendo yo un muchachito, se acercó un anciano delgadito y elegantón y me preguntó si yo vivía allí, señalando hacia el frente de la casa con su bastón de caña de Malaca. Ante mi afirmación sonrió y me dijo con ojos noveleros: -¡Si habré bailado en el salón con Felicitas Peña!... y se perdió en ensoñaciones profundas y personales, olvidándome en la vereda.

Aquí estoy, esperando al de la inmobiliaria para entregarla al sacrifico final.
Y mientras la recorro escucho las voces tan conocidas y tan silenciosas ahora. Y me asalta el ladrido de Tristón, la música saliendo del piano. Veo la sonrisa de Madre, el ceño de Padre. Si hasta puedo oler el dulce de naranjas burbujeando a fuego lento en la cocina de Josefa y me toman por sorpresa mis propios juegos en el patio, cerca del jazmín.
La piqueta demolerá la casa y algo de nuestras vidas se arrastrará en los escombros.

Quizás sea este el suceso más importante que ocurra en el barrio, recordado aún después de haber cerrado la puerta de calle.



© Carolina Menapace

® Birlibirloque

Una manzana en ocho gajos - gajo tres

La manzana de la discordia






Esta manzana no es la de Newton ni la que le hizo decir Adán al final de sus días refiriéndose a Eva : “El paraíso estaba donde ella estaba”. Ni son las manzanas de oro que Hera tenía en el monte Atlas guardadas por las Hespérides. Ni las que se inclinaba a recoger Atalanta la invencible corredora en su carrera nupcial.
Estas manzanas no son míticas, son manzanas comunes a las que voy a sacar las semillas con un cuchillo, echar dos cucharaditas de azúcar donde tenían el corazón, agregarles unas gotas de agua, un trocito de manteca y llevarlas al horno con un pollo y papas chicas.
Las serviré en la misma fuente; sé que cada niño aguardará la posibilidad de que alguno rechace la suya para reclamarla para sí, lo que suscitará como siempre interminables disputas.
No sucede lo mismo cuando en la frutera del comedor esparcen su luz y su aroma, sin que nadie les eche tan siquiera una mirad, hasta que yo vaya al rescate y les endulce el corazón para que no se mueran de pena.




© Myrta Zweifel

10/2009
® Birlibirloque

Una manzana en ocho gajos- gajo cuatro

Domingos campestres














Corre la niña contenta
por la singular comarca
en la cesta las manzanas
comparten esa alegría


sol calido de agosto
de flores por el sendero
bocas teñidas de moras
de risas y de canciones


el río corre gozoso
la cesta se balancea
las manzanas danzarinas
ansían salir de ella


roja y dulce merienda
del manzano de su casa
retamas colman los brazos
en la campiña dorada


tardes campestres
como rojas manzanas
del terruño siempre verde




© Remedios Pernas
5 / 9 /09
® Birlibirloque

Una manzana en ocho gajos - gajo cinco









Irma Acuña está buscando su manzana. Ausente con aviso.

Al regreso contará qué encontró...
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Regresó con imágenes de Toledo, Siena, París, el triple
besos de los holandeses.
Manzana: ninguna









Birlibirloqueras

Una manzana en ocho gajos- gajo seis

El joven niño











Le encanta revolver las carteras, bolsos y siempre que puedo llevo alguna fruta.
Cuando debo ir a Boulogne para reemplazar alguno de los padres de Juan llevo Deliciosas como las que nos regala Erica, de las que compro cuando paseo por las calles. Suelen ser perfectas las rosadas, chiquitas, las verdes no me apetecen tanto.


Pensar que dicha manzana, que comieron Adán y Eva nos enviaron al infierno para el resto de la humanidad.


Pensar que en el 470 cuando cambiaron las eras nos enviaron a buscar el Santo Grial que en definitiva en el 2009 siguen buscándolo, lo que según el Codigo D’Vinci dice que nunca existió pero algunos viles pelean, matan, persiguen, se asocian, se mantienen escondidos y nosotros seguimos comiendo manzanas.

Y a mi me gustan las costillas de cerdo con puré de manzanas, las disfruto con fruición ¡QUE CARAMBA!




©Maria Elsa Bravo

® Birlibirloque

Una manzana en ocho gajos- gajo siete

Eva y la manzana












En sus largos peregrinajes en busca de alimento, Eva descubrió un árbol de manzanas. Olerlas, admirarlas, pegar un mordisco y aullar de alegría fue su primera manifestación.
Más tarde trocó su alegría en angustia y desesperación por la imposibilidad de transportarlas consigo.
Miró a su alrededor con la astucia propia de sus congéneres, pensando cómo llevarlas, y con un objeto cortante dio muerte a un animal, sacándole el estómago que usó de recipiente, repartiendo luego los despojos entre sus hijos.
Esa noche, en la caverna, a la luz del fuego, Eva soñaba con palillos para urdir una tela, fibras vegetales, pelos de algún animal… o la panza de un alce o una cabra, que se estiraban prodigiosamente. Adán, como de costumbre dormía a pierna suelta sobre un lecho de paja. La lucha para cazar lo dejaba agotado, y era imperioso mantener el fuego encendido para no morir de frío.
A Eva el descubrimiento del manzano la llevó de la mano a conocer los mundos visibles y ocultos; palpar la savia de los árboles, masticar hojas desconocidas, usar la resina rezumada de sus troncos, imitando a los animales salvajes.
Para aquél entonces, Eva desconocía el significado de “árbol de la ciencia”, (que indujo a Adán a comer el fruto prohibido) por tanto y por muchos siglos comió manzanas hasta hartarse, sin remordimiento alguno.
Su primer dios fue el sol, que le daba luz y calor.
La luna prolongaba el día cuando estaba plena. Y de la tierra, manaba el sustento. En las semillas que juntaba y molía, en los frutos, y las hojas resistentes con que se cubría sus pies llagados por las caminatas en el bosque. Siempre atenta al humo de los incendios, alertando con sus gritos a los miembros de la tribu.
Con toda seguridad, en algún rescoldo del monte, descubrió la manzana asada.


© Lidia A. González

® Birlibirloque

Una manzana en ocho gajos - gajo ocho

La vuelta










Bajé del taxi corriendo, ya había comenzado el desfile y nadie me esperaba. Guardé la cámara fotográfica en el bolso mientras miraba con furia al hombre que no me había dejado entrar. Tomé la decisión de ir al bar. Lo vi al salir del ascensor. Mientras caminaba al lado de él lo observé: alto, atlético, seguro, sonriente.
Me ignoró.
Busqué una mesa. Apenas me senté noté que él cambiaba de lugar y quedaba sentado frente a mí. No me miraba, estuvo atento a la gente que lo saludó o se detenía para hablarle; sonreía, moviendo las manos para reforzar sus palabras.
No pude alejarlo de la mente, lo veía sin verlo, lo escuchaba de lejos y me subyugaba su voz.
El silencio hizo que levantara la vista. Él estaba mirándome. En mi vida hice muy pocas cosas sin analizar, pero, a partir de ese momento no pude razonar más.
El corazón apresurado paralizaba mis manos, la copa tembló al chocar con una sonrisa que no parecía pertenecerme, él, cerró los ojos para no ver las torpezas que hice a continuación. La bebida cayó por el escote y mojó mi blusa. Las servilletas de papel no alcanzaban para tapar tanto desastre, una punta del mantel (que levanté como recurso para secar un poco mi apariencia) completó la escena cuando la botellita rodó por la mesa, dejó su contenido sobre mi falda y cayó en la alfombra, hasta ese momento impecable. No me atreví a mirarlo, sentí tanta vergüenza; hubiera querido ser transparente.
Suspiré, traté de olvidar el mal momento.
Me distraje por unos instantes. Escuché que alguien tosía y miré. Era él.
El salón, enorme, estaba refrigerado al máximo y el frío se había detenido en mi espalda; quise adoptar la postura de mujer todolopuede y lo único que logré fue desprenderme de un estornudo tan inoportuno como impactante. Una lente de contacto quedó desplazada y de inmediato un perfil borroso me hizo dudar de lo que estaba viendo.
No quedaba bien, pero gotas puestas con rapidez y el parpadeo intermitente que repetí hasta que todo quedó en su lugar, fueron la solución.
Volví a mirar.
Delante de él había una fuente repleta de manzanas, cuando mis ojos quedaron fijos sobre una de esas delicias coloradas la tomó con una mano, me contempló mientras le daba un mordiscón, lento y profundo. Sus ojos brillaban detrás de la mirada. Perdí la silla donde estaba sentada, quedé flotando en un espacio azul, luminoso, tuve miedo de caer al vacío. Todo lo que veía estaba pintado de blanco y con luz.
Haciendo un esfuerzo alcancé a ver cuando dejaba la manzana mordida sobre el plato que sostenía un mozo, tan indiferente como podía. Empecé a temblar, el plato avanzaba hacia mí. Él, me miraba sonriendo. Mis ojos iban de la manzana, que avanzaba rápido haciendo equilibrio sobre su pedestal blanco y esa mirada brillante, fija; todo su cuerpo estaba atento a lo que iba a suceder. Creí que me desvanecía en el espacio, la tentación en forma de manzana quedó depositada con una reverencia. La observé, sin un trozo, una abertura clara, jugosa, por donde el perfume de la fruta ascendía hasta mi olfato. Mis otros sentidos alteraron el rumbo, los ojos veían agrandarse todo, la mesa, el salón, las plantas cercanas; los oídos alucinaban con sonidos de selva y cataratas; el tacto resistía el intento de la mano; para el gusto era un desafío, saboreaba aún antes de probar la fruta.
El pensamiento, sin pedir permiso aventuró, la historia no debe repetirse.
¿Que historia? dije en voz alta mientras recordé el paraíso, la serpiente, los débiles humanos errando por un mundo de tormentos. Si mi razón iba a contradecir lo que sentía, no era cuestión de perder tiempo.
Al sentir la manzana en contacto con la piel, percibí su frescura; era liviana como un inocente capullo, la acerqué a mi boca. Mientras pensaba en Eva y Adán, si la historia hubiera sido al revés, si Adán le hubiera dado a Eva el fruto prohibido, ella se habría resistido, tal vez como lo estaba haciendo yo. Dejé la manzana sobre el plato, miré al hombre que la había enviado. No sonreía, me observaba, parecía no comprender qué me estaba sucediendo.
Todo fue muy rápido. Él se levantó de la silla, llamó al mozo que había desaparecido. Apresurada me puse de pie. No pensé más. Él me gustaba y la forma de manifestar que yo le gustaba, también. .
Eso era un buen comienzo.
La manzana me esperaba, mordí despacio, saboreando lo que ahora no está prohibido. Él y yo dimos vuelta la historia. En pleno Buenos Aires brotó un edén, rodeándonos mientras comíamos la fruta, bocado a bocado, sin apuro. Tomados de la mano, uno al lado del otro, en un salón repleto de gente que conversaba alocadamente sin interesarse por nosotros.
Todo esto ocurrió hace muchos años y aún compartimos cada día una manzana.




® Cecilia Ortiz

® Birlibirloque


jueves, 24 de septiembre de 2009

En la penumbra









Agazapado en la penumbra
el perro mira el balanceo del hacha,
y el viento inmóvil.
La mancha verdinegra en lo alto,
el significado del tambor,
eran mandatos de los dioses,
ocultos tras la gasa
que cubría la puerta sellada…
En la cima de la colina
brillan como el acero:
los peces que escapan del fuego,
los peces que escapan del hielo.
El camino ya termina,
se comprime, se fractura.
Y en el negro vacío abismal
va cayendo mi izquierdo,
lentamente…




® Lidia A. González

® Birlibirloque

La idea fija










Apareció de golpe. En realidad no supe bien en que momento. Haciendo memoria
creo que fue mientras me bañaba, tal vez fue una gota de agua que se escurrió por mi
oreja y de allí directo al cerebro. Porque las ideas vienen de ese lugar ¿no? No sé bien
si era una idea o un deseo, porque un deseo es casi un proyecto algo que me hubiera
gustado realizar pero esto no era tal, era solo una idea que aparecía así de improviso
como si hubiera prendido la luz, permanecía solo un rato mientras yo la daba vuelta,
la giraba, la estudiaba en todos los sentidos, y de pronto desaparecía.
Estuvo unos días sin aparecer, de repente en un instante resurgía
con más ímpetu y se instalaba durante horas sin que pudiera doblegarla. Pensaba en
otras cosas para distraerla pero ella estaba firme en su intento. Le hablé más de una vez
pero volvía con terrible insistencia. Intenté llevar mis pensamientos hacia otros sitios
pero a pesar del esfuerzo por rechazarla era todo inútil. Hace noches que no puedo
dormir, ella comenzó a ensancharse, a expandirse por todo mi cuerpo, se enrosca en
mi pecho, aprieta mi garganta, inmoviliza mis piernas, paraliza mis brazos, trepa por
mi espalda, un peso incomprensible comienza a doblarla.



La idea me abarcó toda, me comió las entrañas.





© Erica Schworer

18/08/09

®Birlibirloque



Magia











Gnomos rojos negros.
Casi sin puertas ni ventanas paralelas a la tierra, raíces retorcidas flotan como cabelleras de druidas,
hubo un tiempo de cosas adversas, cuya distancia se derramó por el mundo.
La mayoría marginada dejó de mecerse como palmeras, fluyen libres de ataduras,
gamas de colores, ventanas del alma, rayos de luz.
Mariposa, posa un instante de efímera existencia.
Compañeros habitacionales de la tierra indios o caciques, la pluma suavizando adorna la cabeza del guerrero.
Plumas trabajan sobre las palabras con elogios, rimas.
Principio eterno, alimento, magia de gnomos, conejos mariposas y ¡el guardabosque!


© María Elsa Bravo

® Birlibirloque


En medio de la nada










Verde desolado se extiende el campo hasta el infinito, sin un animal, sin un árbol y en esa lonja de tierra entre el alambrado interminable y la ruta esta la casa. Es una construcción chata y vieja pintada de color amarillo fuerte, tiene dos ventanas con rejas, una de sus puertas mira hacia el este, a un lado hay dos árboles, un chanar y un algarrobo de ramas torcidas. En el frente se yergue un mástil un poco inclinado, el sol de invierno baña apenas los pastos y las cosas.
Entre la construcción y el asfalto brilla un charco de agua en cuyas orillas se inclinan unos juncos, dos patitos se deslizan hundiendo sus picos en el agua, unas garzas se esponja el plumaje paradas en el barro.
Una mujer y un hombre vistiendo guardapolvos blancos avanzan por un caminito, detrás de ellos vienen varios niños con útiles escolares enancados en un caballo tobiano llegan dos mas, lo atan bajo el algarrobo junto a una yegüita blanca y cuelgan los cojinillos en una rama baja. Se agrupan en el patio de tierra, algunos tienen guardapolvos, otros un pantalón raído y un pulóver viejo; hace frío, sus alpargatas están mojadas de rocío, charlan entre si y entrechocan sus pies para darse calor.
El joven toca la campana que es solo un trozo de metal, la maestra golpea las manos y los hace formar fila, izan la bandera desteñida y cantan

Salve Argentina, bandera azul y blanca
Girón del cielo en donde duerme el sol

Rompen fila, los maestros traen entre los dos un gran tacho y lo depositan sobre un banco al lado de una bolsa, los niños van desfilando frente a la olla con su jarrito de lata, la mujer cucharón en mano va sirviendo el humeante mate cocido y el maestro les entrega a cada uno una galleta de grasa.
Se apoyan contra la pared del sol y van sorbiendo de a traguitos la infusión hirviente soplando ante cada trago; los perros se acurrucan a sus pies buscando calor y alguna miguita que cayese al suelo.

Cuando los choferes terminan de cambiar el neumático pinchado, subimos uno tras otro al ómnibus y continuamos el viaje.





© Myrta Zweifel

® Birlibirloque

Taladralma










El mundo se partió…
… se volvió loco
Cuando te llevaron para siempre…
Los ríos comenzaron a secarse
Los mares se quedaron todos quietos
Los pájaros mugían todo el tiempo
Y todo se detuvo, no hay ni viento.

El mundo se partió…
…se volvió loco
Cuando te llevaron para siempre
Los árboles plegaron sus ramas a sus troncos
Los adoquines sollozaban y escupían a la gente
Los gallos bramaban todos roncos
Y ya no hubo en todo el mundo una simiente.

El mundo se partió…
…se volvió loco
Cuando te llevaron para siempre.
Los peces abandonaron los ríos y los mares
Y aleteaban suspendidos en el aire
Los perros, a la noche, cacareaban largamente
Y los simios se puteaban como gente

Aunque no lo creas…
El mundo se partió…
…se volvió loco
Cuando manos asesinas y obedientes
Te llevaron para siempre
Quiso partirse en mudo grito
Por ser testigo silencioso de un delito.

Y a veces… sólo a veces
Al escuchar el canto de algún pájaro
O algún perro que ladra alegremente
Me doy cuenta, mi espíritu se aquieta, está casi muerto.
Mis brazos caen tiesos a los costados de mi tronco
Pues están vacíos de tu cuerpo.




© Irma Acuña

® Birlibirloque

Susurros de papel









Desde el vetusto papel, tus ojos hablan
palabras sin sonido, como espadas
-venenosas espadas-
espadas de reproches que hieren
y tú, estático, con la sonrisa ausente.

Ojos que derraman dolor e impotencia
por la batalla perdida
llaga de volcán en erupción
esparciendo piedras violentas

Ojos que susurran silencios
codiciando el amor, que te rechaza
en la tarde sin sol, con desconsuelo

susurros de papel
deslizándose de tus manos sigilosas.



© Remedios Pernas
28 / 8 / 09

® Birlibirloque

Senda para acortar







Tengo que ir.

(¿Para qué? Si al fin siempre me recibirá amargada. Una pesada)

Si, es pesada, pero es mi tía. Hermana de mi mamá. A lo mejor esta vez es diferente.
(Nunca es diferente, siempre es igual. Insiste, insiste en que vaya y después me recibe con cara de culo y pregunta ¿a qué viniste?)

...Tengo que ir... por la vieja...
( Bue... )



Ya estoy en Retiro. Me tomo el micro, duermo y llego.

(No sé eso de dormir, a lo mejor no puedo, mirá si se me sienta un gordo enorme al
lado y se pone a roncar todo el viaje... )

Espero que no. Cuando baje voy a tomar por la senda del corralón para acortar camino. Ay, me gustaría que por una vez me recibiera con una sonrisa. ¡Qué le costará!
(¡Sonrisa, je!! Es pedir mucho. Quizá podría ser una mueca parecida.)

¿Cómo le digo que voy a buscar las cosas que quedan de la vieja?
(¡Hola tía Catalina! Vengo a buscar lo que me pertenece!)
No, así no. Se va a molestar de seguro.
(¿Por qué? Acaso no son de mi vieja?)
Son, pero ella es muy posesiva y cree que todo es de ella. ¿No creía que la vida de mamá también era de ella? ¿Qué podía decidir todo? Si se casaba... con quién se casaba... si es cierto... es una vieja... bruja. Voy a juntar coraje y se lo digo de una.
( Ja...ja, se me va a reír en la cara.)

Tengo una decisión firme. Lo voy a lograr. Si, lo voy a lograr.
(Ay... )


Llegamos, ahora a caminar, ¡hola don Braulio! ...Si, voy a lo de mi tía. ¿Qué la salude? Sí, gracias.
(¡Qué ingenuo que es! Como si a ella le importaran los saludos de nadie... )


Es aquí, por fin llegué!
(Mejor no hubiera venido.)




© Carolina Menapace

® Birlibirloque

Elegía a Buenos Aires








Si en mi ciudad nadie mira
ni acude a la memoria
o
sueña con torres conquistadas
respira el perfume de la noche
golpea en cerradas ventanas
pregunta el nombre
-el conocido nombre de las flores-
es que un desierto color fuego
devoró las siluetas y los cantos.
Es que los hombres descuidaron
el idioma que nutre la carne
y sublima la voz de los amantes.

Si en mi ciudad olvidan amar
y junto al río quedan herrumbrados cerrojos
no habrá puertas, ni plazas, ni escenarios.
La gente caminará sin veladas sombras
y
las casas quedarán sin voces.




© Cecilia Ortiz

® Birlibirloque

jueves, 27 de agosto de 2009

Entre todas... siguiendo a los surrealistas...cadavereamos








infinitas puertas abiertas, en hilera sobre el horizonte

amenazante, lejano, inalcanzable

como amor ausente

de placeres se purificaba por las noches de luna

que brilla en la cerviz del toro negro que come luz

tinieblas y la luna galopando

a través del valle, florecido con guerras abundantes que fluyen alegres en el tiempo

un ente con piercing en el culo




© Birlibirloqueras
® Birlibirloque
Agosto 2009


Cadáver exquisito

Puedes hacer un "cadáver exquisito" si tomas una hoja de papel y escribes una oración y doblas la hoja para que no se vea lo que escribiste, en la parte doblada se escribe la última palabra de la oración y le toca el turno a alguien más. De esta forma poco a poco la hoja adquiere la forma de un acordeón; y una vez finalizada la práctica, se desdobla la hoja y se lee el texto completo.



Para Birlibirloqueras es hacer un una "dobladita" , asi lo bautizó Myrta

Mi patio









Miro desde lo alto
aún no estoy en esas constelaciones
ni meciéndome en el azul cráter de nuestra luna
allá abajo
mi centro de hogar- isla-hongo me espera con su patio de verdes.
El universo gira en su derredor, ojo de huracán, vértice de mi vida.
En él se conjugan misterios, eternos secretos,
dramas invisibles al ojo humano.
Espíritus de antaño sobrevuelan,
danzan a los sones del viento al ritmo del cantar de los ángeles.
Un caracol soñoliento
arrastra su morada dejando el brillo de su paso sobre las hojas de la enredadera
Un instante de abeja…liba una flor.
Una hormiga recorre presurosa buscando el rumbo perdido.
Golondrinas en rápidos vuelos gozan la tarde
mientras
voces de niños trepan, caen, se entrelazan con los pequeños gritos de la naturaleza.
Murmullo de ramas nuevas,
brotes verdes recién nacidos espían curiosos mirando al cielo.
Un colibrí nos visita en fugaz revoloteo
Dos álamos nos saludan devotos, atentos, mecidos por la brisa que ondula su altura
Coros de cotorras irrumpen la serenidad reinante.

¿ Cuantas historias podrá contar mi patio?

si algún día pasas por él siéntate en su centro y escucharás mi voz



© Erica Schworer
– 10/02/2009

® Birlibirloque

Un día burbujeante en la burbuja







Cremas, maquillajes, delineadores, rouges, pinceles, ruleros, espejos y cepillos desparramados por el tocador.
Un enorme ramo de rosas color salmón se yergue reinando e irradiando belleza en toda la sala.
Marilyn Monroe despliega seducción y glamour desde la inmortalidad del póster en la pared.
Las pantuflas rosas de taco con pompón abandonadas en el suelo. El mismo destino lo tienen la bata transparente, vaporosamente rosa con mangas de plumas de avestruz y el camisón escotado de raso rosado.
Jazmine toma un baño de espumas, mientras Janis Joplin aparenta una negritud que nunca tuvo desde el equipo de música.
Ducha breve, oleos fragantes se deslizan con suaves masajes a lo largo y ancho de su cuerpo esbelto. Cepilla la rubia cabellera que cae hasta la cintura.
Minifalda de jean, pulóver ajustado de hombros desnudos, colgante grueso y pesado de acero y oro.
Boca desmesurada que pinta de rojo, descubren sus dientes enormes y blancos prolijamente alineados.
Los ojos hermosos quedan perfectamente enmarcados con el correr del delineador, el rimel espesa largas pestañas.
Botas hasta las rodillas de cuero lustrado con altísimos tacos.
Uñas largas, cuadradas prolijamente rojas en dedos delgados, en manos grandes, donde lleva a Mumi, su caniche toy teñida de rosa, con dieciséis uñitas pintadas de rosa, con moño de estrás en cogotito y ladrido nervioso, también lleva las llaves del coche, un bolso de cuero grande y costoso.
El ruido metálico de los largos aros acompaña el bamboleo de caderas y una estela de aroma exquisito va quedando camino al coche.
Anteojos y velocidad.
Así comienza una actividad puntillosamente pautada que va sumando flashes, fotos profesionales, poses inquietantes, entrevistas impertinentes, ramo de flores, almuerzo light de trabajo, para continuar con baño de luz en cabellera, cama solar, manos, pies, depilación, peluquería canina, grabación de una publicidad, besos efusivos a desconocidos, autógrafos, coche y retorno a casa.
Por fin el día termina con cena y TV en la cama con Mumi.
Mañana la espera nuevamente un torbellino de actividad, fragancias y coqueterías.
Sólo queda un llamado telefónico importante pautado con antelación que Jazmine realiza.
Pega grititos adolescentes de alegría, está contenta y festeja lo que su médico le lee del otro lado del teléfono:” No hay evidencias radiológicas de alteraciones patológicas” en su estudio prostático.




© Irma Acuña
Julio 07
® Birlibirloque

El sueño







Mi sueño es un sueño recurrente, repetido, con algunas variantes que me acontece donde sea que me encuentre.
En el sur. En el norte. Temblando de frío, a veces. Exhausta de calor, otras…
En etapas de la vida disímiles. Tanto si estoy feliz, o si todas las peripecias posibles me agobiaran…
Será mejor ir directamente al punto.
Soy una mujer madura, me llamo Delia, y debo confesar que ir a la cama, por las noches, es uno de mis mayores placeres.
Una almohada suave y obediente, un buen libro (de los que no se abandonan por la mitad), una copa de licor…Bueno, bueno, creerán que soy una sibarita. Nada de eso. Cuando el pícaro sueño viene, y a menudo no fácilmente, llega y desata una conmoción en mí:
Me encuentro en una casa. Grande, con muchas habitaciones, donde vivo hace largo tiempo… de pronto caigo en la cuenta que hay una parte de la casa que está cerrada, que nunca me ocupé de ver o revisar. Que estoy segura que tiene o tenía muebles blancos, sillas tapizadas de pana roja… y que es insólito que nunca abriera esa puerta. Aunque más no fuera por curiosidad…
Entonces comienza la búsqueda… Escaleras al sótano: nada. Escaleras al altillo, tampoco. La puerta de hierro con candado, es falsa. No lleva a ninguna habitación
Angustiada me despierto. Me pongo una bata y comienzo a recorrer la casa. Me es desconocida. Cada puerta que atravieso me resulta extraña. Jamás vi esos cuadros que penden de las paredes… Y nunca se me hubiera ocurrido tener una alfombra roja en el cuarto.
Me siento conducida por una fuerza extraña nuevamente a la cama. Otra vez en la frontera del sueño, busco obsesivamente la parte olvidada de la casa. Pero esta vez, comienzo la búsqueda desde la calle.
Camino por la vereda arbolada y enfrento una puerta alta de madera que me recuerda la casa de mi infancia. Tiene un llamador de bronce. Golpeo repetidas veces y sólo el silencio me responde.
El empedrado de la calle brilla con la luz de las farolas.
Está lloviendo y el frío penetrante atraviesa mi cuerpo…
Despierto estremecida. Echo una mirada a mí alrededor escudriñando esa puerta misteriosa, extraña, que busco en la frontera del sueño…
Es que necesito saber qué perdí, qué oculté o qué olvidé tras esa puerta.



© Lidia A. González

® Birlibirloque

Cazadores de estrellas







Llegó una noche de tormenta pidiendo albergue, lo recibieron porque no es de cristiano dejar a nadie bajo la lluvia. Entró pidiendo permiso sacudiendo el sombrero empapado. Llevaba un sobretodo raído, zapatos gastados, una bolsa de lona y una caja de pintura.
Una vez en la cocina antes de sentarse cerca del fuego, se quitó el abrigo, abrió la bolsa, sacó un trapo y se lo pasó por la cara y el pelo. Su rostro era enjuto, sus ojos negros brillaban bajo los párpados entre cerrados. Comió con avidez el café negro remojado con pan y un pedazo de queso que le sirvieron, porque la hora de la cena ya había pasado.
Lo acomodaron en el cuartito del tío Emilio que ya no estaba. Tenía solo una cama, una mesa, una silla, un ropero viejo y una mano de cal en las paredes. Al otro día tendió sobre el alambre tejido la ropa húmeda y puso la caja de madera sobre la mesa de la galería diciendo que era pintor.
El dueño de casa le preguntó hacia donde iba, respondió que al monasterio de las sierras.
-¡Ah!-dijo el hombre y tomando una pala se fue al campo a carpir los surcos. Secándose las manos en el delantal a cuadros la mujer inquirió curiosa
-¿Y qué pinta?
-Mayormente imágenes, a veces retratos.
Ella se quedó un momento en silencio y luego preguntó con timidez-¿No quiere hacerle uno a Juanita?- señalando a una niña que saltaba la cuerda cerca de él. Asintió con la cabeza, abrió la caja, sacó papeles y lápices ¿La llamo? Preguntó la madre.
-No, déjela nomás- hizo unos trazos, la mujer ansiosa se inclinó sobre su hombro, él le echó una mirada oblicua y ella se retiró a la cocina.
Al mediodía le alcanzó la hoja, ella la miró con atención, rió complacida y la colgó con una chinche en la puerta del comedor para que su marido y su hijo la viesen al volver de trabajar. Era un bosquejo, se la veía con la cuerda en la mano, mirando al pintor con expresión seria, los ojos muy abiertos y la boca fruncida.
A la tarde volvió a llover y al otro día aclaró. El pintor parecía no tener prisa, sentado a la mesa comía con apetito, después se acomodaba en la galería, sacaba una hoja y se ponía a dibujar.
Los integrantes de la familia seguían con sus quehaceres, el padre en el campo, la madre acomodando la casa, el hijo con los caballos, dándoles el morral, cepillándolos, poniéndoles la montura. Solo la niña jugaba brincando por todo el patio; cazaba estrellas y las ponía a hervir con grillos en una ollita en la intención de hacerlas cantar.
El pintor se fue quedando y por respeto nadie le decía nada. Empezó a pintar las paredes encaladas del cuartito, de sus pinceles surgían figuras de niñas y de caballos que cruzaban un cielo estrellado. Entraba sigilosamente y cerraba la puerta para que nadie viera lo que estaba haciendo.
A veces, después de cenar el matrimonio iba a sentarse al patio; una noche luminosa vieron cruzar raudamente por el espacio un jinete en un caballo oscuro. ¿Viste eso? Preguntó el hombre casi sin voz.
-Si, lo ví, ¡Qué extraño!- apabullados por la aparición entraron la dormitorio sin decir nada y trancaron bien las puertas.
La noche siguiente volvieron a sentarse a mirar el cielo, expectantes, temerosos, como si esperasen algo sobrenatural, después de un largo rato, cuando juntaban los sillones de mimbre, les pareció ver pasar la silueta de una niña vestida de blanco, volando como una paloma, con el cabello rubio alborotado y los brazos extendidos hacia delante. La mujer entró asustada y corrió hasta la cama donde estaba Juanita, la niña dormía con una leve sonrisa y una mano bajo la mejilla, fue hasta la cama del hijo y lo halló durmiendo profundamente. Pensativa se puso el camisón y le prendió una vela a la virgen rogándole que los protegiera de cualquier mal.
La mañana siguiente hallaron la puerta del cuartito abierta. El hombre había desaparecido con su bolsa y la caja de pintura. En la pared blanca la figura de la niña y la de los caballos se estaban descascarando y caían a pedacitos como una lluvia sobre la mesa y el piso de baldosas rojas.



© Myrta Zweifel

® Birlibirloque

Suspendida en el abismo








Mirando hacia abajo me balanceo…Camino
Sobre la arista misma del tiempo y el espacio
buscando el sentido de algo, que aun no pasó.

El súbito relámpago de los parpados
tan tibios como solemnes, me empujan un paso más
y las tinieblas me hacen temblar.

El viento gélido ya no roza mi piel
simplemente congela
el sentido inmenso del olvido.

El frío extremo de los glaciales
la eterna memoria, me acompaña
suspendida en ese instante

reviviendo el amor abandonado
espero, con anhelo
que tu mano me acaricie





® Remedios Pernas


Pablo y Abu
17 / 8 / 09

© Birlibirloque

Tres árboles ...










Tres árboles cubrían la casa pequeña
como el sueño de la luna
que miraba la brisa,
que hamacaba la cuna
Mujeres,
con ojos que son negros carbones,
el papel incoloro,
los rastrojos quemados.
Tejen, polvo del camino,
no tornará la primavera de tu vida,
se esconde en las barrancas.
Una fuente turbia, con quietos remansos,
el cielo es de ceniza, los árboles son blancos.
Manta, sin ramaje
el remanso dormido en el atardecer,
tendrás por verdes canas las ortigas,
que un día llevará con tristeza la corriente,
serás nidal de ranas y de hormigas,
llevarán, el sonido en un gris rojizo,
la esquila del rebaño,
la noria materna acabará el rosario.
A la orilla,
el verde de la fronda no será la mágica risa,
ni verás la sementera florecida del monte arrugado,
ni el bastón de un lucero,
has caído en el espejo,
te vi descender,
la corriente te acurrucó en el río.


© María Elsa Bravo

® Birlibirloque

Reflexión apurada









“mientras cose, una madre descubre que su hijo ha madurado” … lee Alejandra quedando a continuación con la mirada vuelta hacia adentro. Luego sonríe irónicamente diciéndose:
Debe ser que no me di cuenta por eso, porque yo no sé coser.… Es tan sutil la forma en que el tiempo va transformando los rasgos, los gestos, la voz, el pensamiento y tan apurados los días llenos de minucias cotidianas, de breves charlas, de horarios apremiantes que no me puedo acordar cuándo Francisco dejé de ser niño.
¡Claro que yo disfrutaba viéndole crecer el bigote, usar zapatillas cada vez más enormes y hacerse un genio en la computadora! Todo regado con prisas, citas y amigos a granel.
Y en ese mismo espacio, mis manos antes tersas y delgadas se volvían más gruesas, con algunas manchas. Las venas, ahora más visibles se abrieron camino hacia mis dedos, dibujando mapas azules. Y el anillo de oro, que una vez me colocó Juan en el dedo, se ve pequeño.
Vuelvo a pensar en la frase de García Márquez, “mirando mis manos descubro que mi hijo ya es un hombre”.



© Carolina Menapace

24-06-09

® Birlibirloque


Retamas





Porque yo, siendo coplero
de ser Rafael Alberti
pasé a ser Juan Panadero.

Rafael Alberti




Sonríe y no
sólo deja bajo el sombrero
marrón
pura sombra iluminada
por el bronce de su voz.
Largo el cuerpo, finas manos
angosto
su apretado cinturón
y manchados sus zapatos
en blanco, verde
y granate.
Detrás de él van sus versos
delante
la realidad de los tiempos
que todos viven
y él canta.

Él, sonríe y no
a los ojos
oídos y vacías palmas.
A su paso los balcones
se abren
y ávidos le claman .
Muchos saben lo que él sabe
y dejan ante sus puertas
varas de floridas
retamas.
Toda la gente sonriendo
en ciudades y campaña
paga el pan
al Panadero
que sin harina
se amasa.



© Cecilia Ortiz

® Birlibirloqe


jueves, 23 de julio de 2009

Soneto inconcluso Pereyra









Metió las manos en los bolsillos
en el izquierdo lo encontró.
Secó sus melancólicas lágrimas
y partió.

Era de un pueblo olvidado en la verde y amplia Santa Fe.
De joven gustaba inventarse historias de amor.
Enamorado de las jóvenes, pero tímido,
porque sus amores eran más platónicos que reales.

Pero, había cierta muchacha morena
de ojos soñadores
que solía mirarlo con interés.

Pereyra también había vislumbrado ese brillo
pero no llegó a concretar y quedó
como un soneto inconcluso en sus poesías lejanas.


® María Elsa Bravo

© Birlibirloque


Boceto para un retrato







a mi hermana



Me pidieron que hiciera un retrato.
Me decidí por el de mi hermana. Traté de recordarla.
¿Cuál sería la imagen a describir?
¿Qué momento de su vida retrataría?
Me dije: Voy a hacer una descripción objetiva, como figuraría en su documento de persona.

Ojos glaucos. Frente amplia. Piel blanca. Cutis perfecto.
Nariz normal. Así estaba escrito en su cédula.
Boca mediana de labios finos pero sensuales, con dientes blancos y muy sanos.

Pintada de rojo como se usaba, muy glamorosa. Sonrisa maravillosa. Cuando se pintaba yo quedaba extasiada observando cómo lo hacía. Pensaba que, de grande me iba a pintar los labios como ella. Nunca lo hice.

Pies número 37. Zapatos siempre de taco alto, lindos, negros. De los zapatos oigo todavía las advertencias de madre, “que sean honestos”.

Manos bellísimas con uñas impecables, que se lucían cuando tocaba el piano o cosía.
Andar erguido y airoso – decían la vecinas.
Conversación agradable. “Siempre tiene tema- decía padre”.
Un minón – decían los muchachos del barrio, codiciosos.
Mejillas levemente sonrosadas.
Mirada evocadora.
Una joven muy simpática – decían todos.

Y yo siento que a pesar de toda esta descripción nunca puedo asir la imagen de Enriqueta, siempre se va volando en el aire, como su vida.




® Carolina Menapace

© Birlibirloque

El profesor de piano








A las 5 de la tarde en punto los martes ,sonaba el timbre. Mi madre siempre impecable a esa hora del día salía a recibirlo. Con un saludo formal penetraba en el pequeño departamento . Su enorme figura daba la sensación que ocupaba más espacio del debido. Era un hombre de mediana edad, tal vez 50 años , muy alto , erguido, como orgulloso de su planta; cara redonda , frente lustrosa que se prolongaba visiblemente hacia la nuca. Vestía siempre de traje oscuro que ocultaba con decoro algunos kilos de más localizados en su abdomen. Un infaltable portafolios negro completaba su atuendo.
Después de darme solemnemente la mano acompañado de una leve inclinación de cabeza se sentaba en la silla que ya lo esperaba junto al taburete del piano , lugar reservado para mí una alumna en aquel entonces de 13 años que lo miraba con el respeto de aquellos tiempos. Mi madre abandonaba el lugar, la clase comenzaba , tocaba lo practicado durante la semana mientras oía su voz marcando indicaciones , cada tanto algún comentario de aliento , muchas veces correcciones
- A ver, déjeme ……( cambio de asientos) el do cuando lleva el punto stacatto … marque los silencios son muy importantes! La melodía con la derecha tiene que oírse más que la izquierda que solo acompaña…a-com-pa-ña.
Sonaba magnífico. Me llamaban siempre la atención sus manos grandes, sus
dedos voluminosos que nada tenían que ver con los que uno le asignaba a un pianista , sin embargo se deslizaban impecables sobre el teclado. Pensar que una de esas manos fue la culpable.
- Desea tomar un café Profesor???
Terminada la clase y el café se retiraba hasta la semana próxima.

- Mi re re mi re do re fa mi re……..! lento! Expresivo….ponga sentimiento! Chopin es romántico …¿usted no es romántica? ( lo decía con voz melosa mientras acercaba demasiado su rostro al mío y apoyaba su enorme mano en mi rodilla que temblaba de rechazo en su desnudez, sacá la mano por favor!!! , la sentía pegajosa, indecente , invadiendo mi piel )
Quince años cándidos de pollera tableada, medias tres cuartos de colegiala, una madre ingenua, la intimidad de alumno – profesor.

- ¿Leyó la vida de algún compositor? ( el también decía que lo era) muchos han sentido algo especial por sus discípulos.
Lo miré sorprendida interpretando la indirecta , esquivé la respuesta, su presencia ya me repugnaba , me resultaba intolerable, una mezcla de desencanto, incomprensión y furia me apuraban hacia un final.

Una noche después de la cena, momento de sobremesa, intenté explicar lo que me ocurría de la mejor manera posible. Mi padre entendió más rápido de lo que mis escasos años y mi experiencia esperaban.

Al mes siguiente vino la Srta. Lucía.


® Erica Schworer
04/05/09

© Birlibirloque


Metamorfosis






Aquél niño poseía un don especial, algo de lo que otros niños carecían, quizás una sabiduría antigua, de otras vidas…

Cuando percibía el galope de los caballos era como si él mismo lo fuera… acompasaba la respiración y atravesaba enloquecido leguas y leguas de caminos… Era un centauro.

Cuando conoció el mar, quiso ser pez. Nadó y nadó hasta que de su garganta florecieron branquias rojas como el coral, y los ojos color canela se convirtieron en agua verde y se hizo imposible acariciar sus filosas escamas… El canto de una sirena embelesó sus días y sus noches.

De puro curioso siguió a un topo a su madriguera. En la oscuridad, sus pequeños ojillos se agrandaron desmesuradamente.
Sus incisivos crecieron al unísono de las uñas de manos y pies… Y horadó la tierra, olisqueando todo lo bueno y lo malo que ella guarda en sus entrañas.

Tendido sobre la hierba durante largas horas, contemplaba las nubes mecidas por la brisa en interminable desfile, observando los pájaros ir y venir…

Una tarde se irguió con decidido impulso: Caminó y caminó hasta la cima de la montaña, y ebrio de aire puro, se echó a volar. Con dificultad al comienzo, gozoso después, imitó el movimiento de las aves y desapareció en el horizonte…





® Lidia A. González

© Birlibirloque

El gran simulador







Claro que sabía que estaba solo, fue por eso que comenzó a hacerle un acompañamiento. Se lo propusieron como un intercambio de gentilezas entre instituciones.
Él, como rotario les conseguía una silla de ruedas infantil para una pequeña paciente oncológica y ella a su vez, le haría un acompañamiento, no como a un paciente Terminal ni oncológico, pero en definitiva estaba sólo y cursaba una discapacidad producto de un infarto cerebral.
Se encontró con un hombre pequeño que arrastraba su pierna derecha, de piel muy blanca, ojos pequeños verdes, que con empeño, dignidad y desde su institución hacia trabajo solidario.
Su casa de la calle Félix de Amador tenía un cartel en el frente que decía Musikhouse, se llamaba Sigmund.
Afecto a la conversación, la lectura, las plantas, el café, los amigos, la música.
Un hombre culto y afable que siempre sintió mucha curiosidad por su trabajo, de modo que ella compartía con él lecturas o comentaba su trabajo de hospital o de la institución que la envió a su casa.
Él tenía dos hijos que estaban muy ocupados con sus vidas, una madre añosa y adinerada que lo trataba como a un niño y aprovechaba este momento suyo de debilidad para intentar hacer su voluntad y dirigir su vida. Una hermana que le recriminaba su vida toda, un montón de amigos que lo sostenían económicamente, una vitrola que quería vender para su sustento, un violín que tenía desde la infancia, que vendió, una tradición judía que se ufanaba en transgredir, una risa fácil, una mente inquieta a pesar del infarto, una novia que huyó con diplomacia pero que lo llamaba cada tanto, cientos de libros y cassettes de música y videos de conciertos.
Tenía también un amigo cura, rengo como él, infartado como él que lo visitaba cada quince días con un cuarto de masas secas, con quien filosofaba.
Él la esperaba todos los jueves a la misma hora, con música y café, y la amistad surgió espontáneamente.
Un día todo cambió, le pidió que lo fuera a ver, estaba angustiado, le pidió que fuera su psicóloga, aunque nunca le gustó la psicología, ni el psicoanálisis, ni las terapias. Quiso pagarle un dinero que no tenía y al final le hacia una critica a su escucha y sus intervenciones.
Habló de su soledad, de su angustia y su insomnio, que se había caído ya tres veces, y que se sentía sucio. Que pensaba mucho en su padre muerto de cáncer hacía ya muchos años.
Ella acordó con su doctora de no medicarlo más porque lo enlentecía y se caía y coincidieron que no podía vivir solo.
Con él arregló para que accediera a una internación hospitalaria para que pudieran hacerle todos los estudios que estaban previstos sin la complicación de múltiples traslados en ambulancias de Pami, y además para solucionar los problemas de higiene que tenía.
También habló por teléfono con uno de los hijos para informarle la situación, éste se enojó mucho, sintiéndose invadido en la intimidad de una problemática familiar que desconocía.
Claro que alguna vez mencionó un quiste, y también que se operó y que ya estaba bien, y que no tenía relación con su situación actual.
Pero ese día que le pidió que fuera a su casa a buscar sus estudios anteriores para llevarlos al hospital, por supuesto leyó los informes.
El estaba en la guardia, sólo tuvo oportunidad de escabullirse entre las urgencias, las enfermeras, el escaso espacio y tiempo para los acompañantes, así que le dejó la llave de su casa, la bolsa con las placas radiográficas y se quedó con sus últimas palabras: “Mi amor!”, que fueron como un agradecimiento a ese pequeño favor.
Sigmund el gran simulador, murió a las horas de esto. Y ella no estuvo ahí!
Porque él así lo quiso.
Quiso disfrazar su realidad y compartir con ella un espacio de música, plantas, ideas y café.
Y ella no supo ver nada más allá de ese disfraz.
El decidió que no era un paciente Terminal, sino un amigo paciente y viviente.
Claro que no sabía por cuanto tiempo, pero acaso ¿hay alguien que lo sepa?
Claro que conocía que un tumor lo devoraba, pero también sentía que aún tenía vida, aún tenía mucho que decir y que pensar, de modo que, ¿porque no hacerlo?
Claro que supo que ya nunca podría tocar su violín, pero aún podía disfrutar de la música en compañía.
Claro que la enfermedad le arrebató un amor, pero aún podía sentir amor, y disfrutó de la amistad de ella y la del cura.
Claro que sus hijos lo apartaron de sus vidas, tal vez necesitaban más tiempo para enmendar, para perdonar, para componer esa relación. Pero él le ofreció todo su tiempo para escucharlos, esperarlos y amarlos.
Claro que las plantas esperaban que él las cuidara, pero eso ya no podía ser.
Claro que él la engaño, pero a cambio le ofreció su amistad, que no es poco.



® Irma Acuña
Abril 08

© Birlibirloque