Por el placer de estar juntas hacemos juegos con palabras. Nos reunimos una vez por semana y entre café y cosas ricas, creamos letras en libertad.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Felices Fiestas





Aunque supiera que el mundo se desintegrara mañana, igual plantaría un manzano


Martin Luther King


El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino tener nuevos ojos.


Marcel Proust


Goza de este día porque es la vida.


La misma vida de la vida.


Porque ayer es sólo un sueño y mañana sólo una visión.


Pero el hoy, bien vivido, hace del ayer un sueño de felicidad y de cada mañana, una visón de esperanza.


Antiguo texto en sánscrito




Birlibirloqueras te desea paz, amor, salud y trabajo.


¡Felicidades!


En todo el

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Carolina, Cecilia, Erica, Irma, Lidia, María Elsa, Myrta, Remedios




lunes, 24 de noviembre de 2008

Malena y Lucas









…y la abuela?... la vocesita despierta el silencio de la casa
abuela recorre el pasillo, desemboca en mis ávidos oídos, se aloja en mi centro,
carrera de pies pequeños...
una cabecita se asoma ...
…¡aca tá! Sonrisas, besos y alegría encontradas

...¿vamos a paque?
Bueno ¿llevamos la pelota? ¡vale! ( ataque de ternura)
…!Aguela ven! Jugamos al pilla-pilla? No, mejor al escondite tu cuentas y Lucas y io nos escondemos, ¿vale? (otro ataque)
Juego al escondite, un, dos, tres …nos esconde un océano, miles de kilómetros nos alejan, ¿designio de familia?

Pensé en mi abuela... veintinueve, ¡treinta! Punto y coma el que no se escondió se embroma (fluye solo de mi boca )
Busco ... busco retener en mi mente sus caritas, la picardía de sus ojos.
A ver… me parece que por aquí ví algo.
Lucas sale corriendo no puede permanecer escondido, yo tampoco, quiero estar
presente en sus vidas, ganarle al tiempo, vivir aprisa los interminables meses que nos van a separar...
!piedra libre aguela! He llegado antes que tú. Male salta de gozo por el triunfo, niña adorada.
Ahora cuento io y tú te escondes ¿vale?
Corremos con Lucas, tengo su manito entre las mías, nos hacemos pequeños en un sitio, !shhhhh! no hay que hablar, imita mi gesto, sonrie cómplice …
quiero detener el reloj … esperamos ...

Otra vez mi mente vuelve a mi abuela ...
solo unas fotos y un pañuelo , un delicado pañuelo hecho por ella ... el arcón con las cosas dedicadas para su nieta lejana se deshizo bajo el fósforo de aquella bomba …

¡Piedra libre la aguela y Lucas!
Plaza Mayor, la Gran Vía, mañana de sol en la Plaza de Oriente , cambio de guardia en el Palacio Real , ¿soy turista?
Juntamos hojas de otoño con Male para llevar al colegio , jazmines de primavera en mi patio, olor a paraísos … ¿en qué estación vivo?
Ven abuela ¿jugamos con el rompecabezas? …
así está mi cabeza uniendo pedacitos de vida separados por la lejanía.
¡La abuela se va! …

y ¿poqué? Porque vive lejos ...

y ¿poqué? Porque tiene su casa en Buenos Aires …

y ¿poqué? … porque va a ver a su perro y a su gato…

¡vale!

Nos abrazamos con Flor , nuestra vida está llena de despedidas, ¿cuántas van?
Y ¿cuántas quedan?
Se funde el abrazo, la escondo en mi pecho.
Sobrevuelo sus cabecitas dormidas. ¿Sueñan? ¿Qué sueñan?
Yo solo sueño con volver a verlos


© Erica Schworer
La abuela Erica
11/11/08

® Birlibirloque

La obstinación de Jabalina





Jabalina es dueña de ojos negros, enormes y profundos, con pestañas sedosas.
Hace visitas de continuo, aunque nadie la invite ni la reciba con agrado.
Ronda al elegido astutamente, haciéndole saber que suya será la última palabra.
Se manifiesta de manera diversa: como un ahogo, un vahído, borbotones en el pecho, una melancolía profunda.
A veces de una sola cita logra su objetivo, dejando a su víctima con un gesto de asombro…
Cada quien la elude como puede. Jugando a distraerla de sus malas intenciones. Cantan, ríen, leen o escriben.
Entonces se esconde en los rincones a esperar que se avente el desvarío…
Y finalmente se resuelve el acertijo.
Siempre es Ella, la cazadora, y a su tiempo uno, la presa.




© Lidia A. González

® Birlibirloque

La caza del jabalí




Espectáculos


LA CAZA DEL JABALI.••••
Farsa en tres actos de March Simpson.
8 actrices en escena
Funciones vespertinas
Comedia para toda la familia


Obra compuesta íntegramente por el accionar de las actrices en escena. Nos sorprende porque se renueva y cambia según los estados inspirados de las comediantes, Por momentos, el público es atrapado mágicamente en el puro juego delirante y surrealista basado en la simple espontaneidad.
La historia, a veces lenta, se va desgranando impulsivamente llegando casi a una visión cosmogónica o mística de la realidad.
Es para destacar de qué manera, estas intérpretes, manejan las cucharas (arma plateada de la acción imaginaria).
Aunque lejos del Rinoceronte de Ionesco, en el vórtice de la trama estos personajes con coraje, nos transportan a estados subconscientes dignos del más puro análisis lacaniano.
Realizada en clave de clown pero sin música, los libros rodean todo el tiempo a las protagonistas sin sacarles, por supuesto el debido protagonismo.

• Para ver.
Informes: http:// bir-libir-loque.blogspot.com


© Carolina Menapace
® Birlibirloque

Jabalí





Eres sagaz astuto salvaje
abstracto
sin verte te presiento
como un recuerdo vano
quisiera sacarte de mi mente
desterrar esa presencia innecesaria
carente de esperanzas

jabalí vives en un mundo imaginario
quisiera que abandones para siempre
este lugar que es mío y no te pertenece
(perdido por tu indiferencia
o quizás por tu salvaje valentía)

jabalí eres como un amante no deseado
a veces nube pasajera
otras nubes negras de tormenta
inrrumpes en mí como salvaje
luego te transformas
y deslizas suave cariñoso

jabalí
eres un recuerdo insistente
te vas y regresas a interrumpir mi dicha
y todo se desmorona
como una ola
que estalla entre las rocas


© Remedios Pernas
6 / 10 /08

® Birlibirloque

Paciente solo






María me espera, sabe que puede contar conmigo. Esta pequeña mujer vive en la cama de hospital, tal vez sus últimos días. Lo sabe.
Los médicos dan sus diagnósticos, yo sé que es vejez.
Cuando ve mi rosada indumentaria, mueve su mano llamándome, desde el otro extremo de la sala. Y yo voy directo a ella.
Tengo muchos enfermos que confortar, pero María no tiene visitas.
Todo enfermo tiene un hijo, un padre, una novia o vecina que trae noticias, pasta de dientes, revistas, algo rico autorizado y casero, pero María es una dama sola que muere.
Al sentirme cerca sonríe, y su mano flaca y añosa busca la mía también flaca y añosa y nos mantenemos así, apretadamente juntas.
Me siento, no tengo apuro y quiero que lo sepa.
A mi oído adiestrado en anteriores encuentros no le dificulta entender su fatigoso y desdentado relato.
María no teme, y quiere que yo lo sepa. Está serena, sabe que ha vivido, que está muriendo, y quiere compartir conmigo sus recuerdos.
La sala de hospital se va poblando: un papá italiano de risa estruendosa, una mamá con sombrero de pana, un esposo alto, bello, que la amó tanto, una hija de piernas flacas y flequillo, sus hermanas, una que reía como el padre, la otra con los ojos de la madre.
Y ahora están todos ellos rodeando su cama, María les da vida, los extraña, ellos le dan vida, la esperan.
De pronto calla, su recuerdo vuela y su palabra es lenta, pero se deleita con la música que escuchaba junto a su madre. La orquesta en pleno rodea su cama. Y es tan potente que tapa los llamados a médicos de los parlantes. Todo se sofoca ahora por la risa estruendosa del padre.
Colita ladra, corre por el pasillo hacia su cama, se pone en dos patitas y busca que su ama la suba con ella.
Interrumpe Inecita, su hija que acurrucada junto a su cuerpo y abrazándola con una pierna, pregunta: “¿Porqué en tus ojos hay dos Inés?” y María festeja con carcajadas.
La sala de hospital se llena ahora de olores. A naranja e higo, a compota, a pan recién horneado, a manteca casera, a perro mojado, a bebé, su bebé, a tierra después de la lluvia, a peperina.
Cuando a María la debilidad la frena, soy yo que traigo esos personajes sonidos y olores que conozco bien, y se los ofrezco.
Y como quien la arropa, le traigo a Colita, mojada sacudiéndose, salpicándola, pidiéndole estar en la cama con ella.
A Inesita, experta peluquera que juega a un champú, corte y peinado, a mamá con sus manos llenas de masa, preparando ravioles.
María se duerme, su mano se aligera en la mía.
Me quedo a su lado un ratito más por si acaso.
Ahora María es una dama que duerme, yo soy una dama rosada, y este es momento de acompañar a otros enfermos.



© Irma Acuña
Junio 07

® Birlibirloque

Publicidad en medio de la vida





Me gusta viajar en subte.
Siempre hay gente interesante. Además las propagandas son Súper.
De repente aparecen dos jóvenes en overoles azules, cajas de herramientas. Anuncian que van a arreglar los problemas que haya en los vagones. Mientras se preparan, efectúan su show.
Primero comienzan una canción, luego hacen malabares, nos ilustran sobre las novedades, del mensaje que el vagón transmite, hablan de lo bueno que es sonreír, estar contento, saludarse, amarse siempre. Saludan, caminan uno detrás de otro en paso de baile y pasan la gorra agradeciendo.
Claro que detrás continúa la chica de la cicatriz por quemadura pidiendo para pagarse sus operaciones, o los chicos que tocan el acordeón con versos graciosos.
Por supuesto que para mí son carteles de propaganda de la vida, a los que debo prestar atención, porque la vida continúa con su bella y amarga sonrisa.


© María Elsa Bravo

® Birlibirloque

Maquillaje



“No, no es cielo ni es azul
Ni es cierto tu candor
Ni al fin tu juventud...”

Atilio Stampone



Ayudado por su asistente, Brandon ciñe la faja que usa para aplanar el abdomen; se observa de frente y de perfil ante el espejo y exclama: ¡Qué pinta varón!” El ayudante dice enarcando una ceja: “Impactante!”
El cantante retoca su maquillaje, se pasa una mano por el jopo y canturrea: “Fina estampa, caballero de fina estampa…” da unos pasos de baile, ríe entre dientes mientras se pone el saco de solapas con brillo y abandona el camarín.
Cuando entra al escenario lo recibe una ovación interminable; canta como nunca o al menos así lo cree él y los cientos de fanáticas que maquilladas con exceso, roja la boca, verde las ojeras, aúllan de pasión y corean su nombre, agitan pañuelos, levantan encendedores conteniendo las lágrimas para que no se les corra el rimel y el carmín de las mejillas. Él sigue adelante y en un momento determinado al inclinarse en el escenario se encuentra con ellas cara a cara, siente un dolor insoportable en el estómago, termina como puede la actuación y tras saludar varias veces y recibir una lluvia de flores, de chales y bombachas abandona aturdido el escenario.
En el pasillo lo esperan algunas admiradoras que han podido burlar la custodia, una de ellas se abre paso ente las otras a codazos, se le planta adelante y le dice emocionada enarbolando una foto “¡Brandon, Brandon, aquí estoy, no podía faltar, lo nuestro fue tan intenso!”
Brandon mira a esa mujer gorda, avejentada, teñida y balbucea: “No me acuerdo...”
“Soy María, la del club Defensores, allá en Rosario”, y le tiende la foto. En efecto allí está él, abrazado a una morocha espectacular, los dos sonrientes, hermosos, treinta años más jóvenes, contempla la imagen, luego a ella y le dice consternado: “¡ Qué nos pasó María?!”


© Myrta Zweifel

® Birlibirloque

Quiero que sepas





Quiero que sepas:

Para un bodoque como vos, lo mejor es desearle una úlcera o tal vez, que un gusano zombi con manías de persecución y hambruna de siglos, te recorra el cerebro, te alucine con serpientes de fuego y creas que sos un super héroe de tu pantalla chica (El infierno de colores que habla todo el día como un pariente loco)
La locura no alcanza para que dejes de ser un fiasco, un cretino trepador.
Me aparté de tu yugo, necio hazmerreír. Ya no aguanto esas palabras de tecnócrata amateur, todos los halagos que hacés a quienes abren las puertas del escándalo y creen tus pusilánimes frases.
Conquistaste el mundo lelo.
Por suerte, gracias a los dioses o a mi hartazgo, dí el saltito a tiempo.
Estoy fuera de la influencia de tu loca idea: conducir la imaginación de la humanidad hacia el uniformismo.
¿Y el futuro?
Ya fue dicho: el futuro ya no es lo que era antes. Gracias a energúmenos como vos. Que hablan, dibujan imágenes pero no saben leer. Tu reino es muy limitado
Quizás no tengas culpa. Sos una caja de sorpresas que la tecnología modifica para atraer espectadores. Tu sagrado nombre: Televisor.







© Cecilia Ortiz
® Birlibirloque




miércoles, 22 de octubre de 2008

Reunión del 24 de septiembre de 2008

video

Estamos en casa de Erica, dos días antes de irse para España.

Los motivos siempre son bienvenidos y la alegría también.

Sabíamos que la íbamos a extrañar.

Pero... una amiga está siempre a nuestro lado.

Y así fue. Correos electrónicos, llamadas sorpresa.

Nos mantuvimos comunicadas.

Compartimos con todos nuestros visitantes:

Curso de masticación en tres etapas.

(todas las hicimos nosotras, todavía no aprendimos

a compartirlo por internet)

Abrazos por ocho para cada uno.

Birlibiloqueras

(camarógrafa: Irma Acuña)

Continúa reunión del 24 de septiembre de 2008

video

No sabemos cantar, pero lo hacemos igual.

La alegría del momento disculpa los desafinados

trinos de estas aves no cantoras.

Erica iba a Madrid y a Madrid le cantamos.

No como las violeteras, pero algo parecido.

Un abrazo para todos nuestros visitantes.

Y por si no lo resisten, miren el video tapándose los oídos.

Besos de las ocho.

Birlibirloqueras.

(Camarógrafa: Irma Acuña)

sábado, 11 de octubre de 2008

Diario muy íntimo







26 de febrero de 1939

Al acariciar su vientre, siento que me acaricia a mí, el placer es infinito, mi madre es cariñosa ¡me ama! después de esa carrera impetuosa, que gané hace dos meses.
Al principio nadie advertía mi presencia, la vida seguía igual, mis hermanos en sus juegos, mi padre con su trabajo y mamá ocultando su silueta cada vez más redondeada.
Yo estoy en ella y la amaré toda la vida ¡quiero ser tu hija!

30 de marzo

Tiene dudas.
¿Qué le pasa?
Mi madre habla con su amiga.
Escucho correr el agua de la fuente que llena las jarras, el canto del agua no me deja oír.
¡No! ¡No! grita Adela.
Yo estoy bien en mi cálido refugio, pero ella llora.


4 de abril

Hoy mi madre da la noticia de mi próximo nacimiento, que lástima, mis hermanos no se ponen contentos. Igual los voy a querer siempre, ¡que gritona es mi hermana!


30 de abril

Mi madre no puede ocultar más mi presencia, sale a caminar, una vecina comenta: Remedios ¡tú estás encinta! no te tapes mujer.
Un hijo siempre es bien venido, contesta mi madre,
Yo, una pequeña semilla quise brotar en tu vientre, contenta aplaudo la respuesta.

9 de julio

Es un verano cálido, luminoso, sin las incesantes lluvias tan comunes en Galicia, todo parece tranquilo hasta que, unos golpes en la puerta sobresaltan a todos.
Bajamos las escaleras con las piernas temblorosas de mi madre.
Cuidado madre ¡que nos caemos! ella no me escucha.
Unas voces extrañas dan órdenes.
¡Grite viva Franco! ¡Grite viva Franco!
Con un hilo de voz mi padre dice Viva Franco
¡Grita Inocente! ¡Grita! diferentas voces piden lo mismo.
¡Viva Franco! es la respuesta de ese hombre parado delante de los fusiles que lo apuntan.
Estamos a punto de caer rodando por las escaleras, cuando una voz frenética, bondadosa, suena como la salvación deseada.
¡Déjenlo! por la mujer que está encinta.
Después la calma.
Yo desde mi cómodo refugio doy gracias.
Se salvó mi padre.



© Remedios Pernas
21 / 7 / 08

® Birlibirloque

Carlos El Impetuoso






El rey Carlos VIII fue a guerrear a Italia, entró triunfal en Florencia cubierto por una armadura de oro, con dragones y flores de lis.
La capa carmesí caía sobre las ancas de su cabalgadura y se extendía por quinientos metros haciendo que la escolta quedara rezagada.
Cuando entró en Nápoles lo hizo vestido de negro y plata. Permitió a la soldadesca saquear, incendiar, violar.
No tuvo compasión alguna.
Una noche, después de haber sido traicionado por sus propios generales y con toda la guarnición hecha prisionera, huyó con los pocos leales que le quedaban rumbo a su oscuro castillo de Francia, cubierto por tapices del renacimiento.
Lo esperaba su fiel esposa, Ana de Bretaña, la reina renga, tantas veces re-engañada, relegada y repudiada.
Llegó como un triunfador al son de trompetas, embriagado por el perfume de sus bosques, por el recuerdo de exquisitos vinos y manjares, de los bailes interminables y de sus correrías por los pasillos del palacio detrás de bellas cortesanas.
Era tal su prisa que, una vez bajado el puente levadizo, entró al galope olvidándose de la poca altura de los arcos de piedra de las puertas.
Una de ellas lo golpeó en la frente y murió a las pocas horas, en su lecho de roble, rodeado por sus médicos, mientras Ana le aplicaba en la frente paños fríos y le decía amorosamente:
¡Oh Carlos!
¡Por qué fuisteis tan lejos a buscar gloria y una muerte heroica, cuando la teníais tan cerca!


© Myrta Zweifel

® Birlibirloque

Los gurúes de la City








Los Gurúes de la City,
graznan, gritan,
pronostican.
Liberales oprimidos, con los pasos perdidos.
Aturdidos, resentidos, advertidos, sin sentido.
Sin aliento, sometidos a las leyes del ¿mercado?
Asombrados, alelados.
Trastocados los papeles, sin libretos,
reglamentos obsoletos,
con la “Bolsa” arrastrando por los suelos,
culo al aire al caer velo tras velo.
Debatiendo en lo inseguro.
Los Barones del dinero, cambian leyes con esmero.
Con astucia van prohibiendo palabrejas
“crisis”, “depresión”, “crash financiero”
y demás sinónimos fuleros.
Menuda resolución.
En la casa del ahorcado,
de la soga no ¡hay mención!


© Lidia A. González

® Birlibirloque

Viví allí



Terreno pedregoso, caminos duros entre montañas.
Ovejas paciendo en las laderas.
Casas blancas de dos o tres plantas con patios descubiertos y enredaderas que la brisa mece, vientos con olor a hierba.
Pueblo con una calle ancha colina arriba, callejuelas a ambos lados.
Viví allí. Donde todos se conocen, fisgonean y critican duramente. Donde el aburrimiento y el conocimiento que de mí tenían, los movió a perseguirme, a la vuelta del mercado.
Donde se produjo ese bochorno, empujones, insultos, manzanas por el suelo de tierra apisonada, risotadas.
Donde lo conocí. Alto, lindo, mirada penetrante, conminado a sumarse a este ataque despiadado.
Viví allí, donde tomó una manzana, se la puso en la mano, me miró y dijo: “Dale duro, si realmente estás limpio y puro” y así les disipó el valor y les arruinó la diversión.
Donde junté las manzanas y rogué que el suelo me tragara.
Donde sin embargo, no me separé más de él, porque era fuerte, atractivo, seguro de lo que quería decir, y de la huella que quería dejar.
Y como tantos otros, viví allí, para asistir, acompañar y aprender a su lado.
Viví allí. Eran épocas de tiranía, donde pensar, soñar, decir eran un insulto, una irreverencia que debía ser castigada con el cuerpo miserablemente expuesto, desnudo y torturado.
Pronto este hombre sencillo que trabajaba en el taller de su padre, por sus actos y sus dichos fue conocido, sentido como gran amenaza que debía ser callada.
Viví allí donde el poder lo persiguió, lo capturó.
Después llegó la humillación, la tortura, la agonía.
Cuando murió seguí viviendo allí, porque creí encontrarlo en el terreno pedregoso, en los caminos duros entre montañas, en las enredaderas de florcitas blancas, en el suelo de tierra apisonada, en el odre compartido y en el olor a pan recién horneado.
Luego, dejé de vivir allí. Quise conocer gente, contar sus sueños, su palabra, su vida. En oro escribirlo para que el mundo como yo lo conociera y amara.
Y para muchos la historia comenzó allí.
Allí, donde yo viví.
Donde él vivió y murió.
Donde comenzó su revolución.



©Irma Acuña
Julio 07
® Birlibirloque

Habitación de bebe





Cuna, mamadera, cambiador, pañales, bañera, chupetes, sonajeros, velador.
La cuna flotando en el espacio de la habitación que ordenaban.
El bebé lloraba y movía sus piececitos con enojo; berreando con más fuerza, ya que su mamá no lo atendía, entretenida con el papel a color para hacer más bella la pared.
La cocina estaba fuera de lugar, por lo que Susi cocinaba en el baño, el mismo, usado como cocina.
Cuna, cambiador, bañera.
Su marido Gabriel tomaba el baño diario, con el agua caliente que ella le tiraba desde la cabeza. Estaba vestido y pedía que le jabonara la espalda. Susi sin asombro le decía a todo que sí como si tal...
Gabriel reclamaba el champú que había dejado en el garage.
Apurado. Se le había hecho tarde para su clase en el aula, a los chicos de Basquet.
Debía sacar fotos para la propaganda del próximo curso de aprendizaje de acampar, a los niños novatos.

Cuna. Pañales. Chupetes.
La cuna, flotando en el espacio de la habitación desordenada.
Susi, sin asombro, como si tal…
Velador.

© Maria Elsa Bravo

® Birlbirloqueras

Esquinas






Una esquina ruidosa
Dos bolsas repletas de basura
Un jean descolorido
Una mirada incierta
Sin cortinas amables la ventana
Un taxi espera....
Estoy con hambre
Amantes que se besan con pasión
La historia de todos
Una mujer calla.


(Santa Fe y Salguero)



................

La cafetería está llena de gente de algún modo quieta.
En la calle, los transeúntes se apuran en todas direcciones.
Obreros de amarillo rompen sin piedad el pavimento.

Largas cintas flamean con el
viento esta mañana de invierno mientras alguna bufanda ondea el aire.
Un delgado vidrio me da la ilusión de estar en otra parte.

Veo pasar el tiempo aprisa. El sol pone luz intensa en las ventanas de arriba.
Me cambio el pulóver. Hace frío.
Salgo a buscar otra perspectiva.


(Viamonte y Florida)


.................


Sillas de cuero gastadas en las tertulias.
Florida de Manucho. También de Borges.
Pasado literario y hoy sólo pasado.
En la calle, siguen apurados los peatones. De todos los colores, verdes, rojos, amarillos, azules.
Oigo una voz que dice: recoge cuantos puedas de estos peatones y marchen en fila hacia Plaza de Mayo.
Asociaciones indispensables en el diario transcurrir.
El té está frio. Larga trayectoria desde la fuente hasta mi mesa junto a la ventana.
Siguen concurriendo los viejos habitues. Literalmente viejos. Como yo. Que tambien piensas su otra edad desde estas mesas.
Por la calle flota un ocio de turistas
Cuero. Lana. Cuero. Lana. Y algun pordiosero original.
Hay un joven sentado, pintando con su pie izquierdo. Veo paisajes elementales.
La gente pasa a su lado con indiferencia. Es un macetero mas.
Lo acompaña otro joven en silla de ruedas. Destino de discapacitado. Me miro y agradezco.

La Richmond (de Florida)



© Carolina Menapace

® Birlibirloque

Terapia horizontal









En realidad no soy un objeto común, de ninguna manera. Sé que soy irremplazable, es más diría que en mi caso, no sé en el de las demás, tan indispensable soy, que hasta viajo con ella. Sí aunque no lo crean, voy a todos lados, tiene una dependencia tan arraigada que no puede vivir sin mi presencia.
Hay noches que me agota, son tantas las preocupaciones, las decisiones, las consultas que estoy deseando que llegue el día para que me cubra y poder descansar unas horas, aliviar mi carga.
Reconozco que no siempre soy la mejor consejera porque soy un poco blanda y tengo tendencia a brindarle soluciones no conflictivas para que me deje un poco en paz, pero siempre vuelve y comenzamos otra vez.
Soy tierna, suave y adaptable, amoldable, doblegable y acomodaticia (pero en el buen sentido).
Nadie la conoce mejor que yo. Soy la única conocedora de sus más extravagantes y disparatadas fantasías, de sus enojos, sinsabores, proyectos y desilusiones, sueños, angustias y alegrías, de emociones y desencantos.
Todo me lo transmite.
En todos estos años, porque son muchos en los que nos demostramos mutua fidelidad, nadie la escuchó y la consoló tanto como yo; muchas veces sequé sus lágrimas, muchas veces permanecimos despiertas, hasta altas horas de la noche, abrazándonos hasta quedarnos dormidas.
Soy su siquiatra, sicóloga, analista, confidente, consultora sentimental, participo de sus encuentros más íntimos y apasionados... como el de ahora.

¡Ay, cuidado! ¡Cuidado! Que me estoy por caer, ¡no me tiren...!

¡Me rebolearon!
¡Socorro!


Levántenme que estoy en el suelo,aquí... ¡debajo de la cama!


© Erica Schworer
12-12/2005

® Birlibirloque


Nushu







Viven en una comarca cubierta de vegetación. El pueblo rodea un lago tranquilo. Las barcas pescadoras abundan en los días calmos. Si el viento llega apresurado, del oeste, cambia el paisaje. Pocos peces llegan a las cocinas.
Muchas casas alejadas de la costa están habitadas por agricultores. Plantaciones de arroz: surcos verdes sobresalen del agua quieta, en las hondonadas del terreno.
Es un pequeño universo que unifica peces, barcas, verde, azul, hombres y las pocas mujeres que salen de sus casas; calladas, pasos rápidos, pies pequeños, muy pequeños, ojos rasgados, sonrisa dibujada.
En la temporada de lluvia las viviendas parecen enlutar.
Amanecer y crepúsculo son un solo color.
De noche, pocas luces salpican el manto de terciopelo oscuro que todo cubre y agrupa.


Hoy las sombras aguardan el momento, el instante esperado. La dulce combinación del pasado amargo y el presente con un nuevo sabor.
Apenas iluminadas, manos femeninas trabajan sobre tablillas de madera clara. Los pinceles finos, deslizan color y forma sobre la caligrafía secreta. Es el último signo, el que tardó en surgir luego de haber ideado, entre todas, más de dos mil signos. Los ojos son casi una línea húmeda que observan la gestación y se agrandan como si no comprendieran lo que está delante de ellos. Ha nacido el Nushu. Tan necesario como alimentar el cuerpo. Las mujeres reunidas beben té caliente. Por primera vez las sonrisas son verdaderas.
El viento golpea las paredes. Rebelde, igual que ellas, tal vez resentido; ya no le confiarán sus secretos, ahora pueden escribir y leer con un lenguaje propio.
La felicidad, esa pequeña porción de felicidad brotará en cada palabra. Nadie sabrá si del pecho o pintada en las paredes del miedo a no permanecer o son parte de un sueño, nacido en ojos suaves como el agua, después de tanto llorar su ignorancia.

Los hombres duermen sin notar la ausencia de sus esposas, hijas, hermanas. Nunca la notan. Hace años que ellas se reúnen, discuten, dibujan, crean. Letras y sonidos. Palabras que serán repetidas por otras mujeres que tampoco tuvieron acceso a la escritura.
No importa el frío, la lluvia, las campesinas sonríen, han hecho una revolución, una proeza. Igualaron a los hombres, lo callan.

El viento pasea por el pueblo que envuelve al lago, susurra en las ventanas lo que aprendió: nushu, repite. Nushu grita a veces. Nushu aúlla colándose por grietas.
Las gotas persistentes hablan también el nuevo lenguaje y lo dejan escrito sobre los techos brillantes: Prohibido leer, prohibido escribir. Arrepentida, la lluvia pasa el borrador en un ímpetu de agua derramada.
Esas palabras ya no tienen sentido.
Adentro, la risa callada de las mujeres parece adivinar el mensaje.

© Cecilia Ortiz

-Homenaje a sus creadoras-

(Hace 1700 años, las mujeres chinas carecían de educación formal y vivían sometidas en casa de sus padres y luego en casa de sus maridos. Expulsadas del idioma de los hombres, decidieron inventar un idioma propio, el Nushu, que en chino quiere decir escritura de mujer.

La última hablante del Nushu –único lenguaje del mundo hablado exclusivamente por mujeres– fue Yang Huanyi, de China, quien murió a los 98 años a fines de septiembre de 2004. La primera en hablarlo habría sido una de las concubinas de un emperador, para expresarse con un idioma propio de mujeres.)

® Birlibirloque

lunes, 22 de septiembre de 2008

Reunión fin de año 2007

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Cada momento es especial.

Myrta, lee el poema "Gente", de Hamlet Lima Quintana (poeta argentino).

Comenzó diciendo: Cuando publiqué mi libro "Que lejos ha quedado el cielo", creí que había perdido mi cielo. Lo recuperé con ustedes. Les dedico el poema.

No hay palabras que puedan describir emociones.

Hay Gente... así... tan necesaria.

Ocho abrazos birlibirloqueros para los que visitan nuestra revista.

(Camarógrafa: Irma Acuña)

viernes, 19 de septiembre de 2008

Sanando el pasado






Movido por un sentimiento nuevo en mí, surgido tal vez, por la madurez y la responsabilidad impuesta abruptamente y por la curiosidad de saber adonde mi cobardía de juventud acorraló a aquella exótica y bella mujer, la fui a ver.
Caminé a los suburbios del pueblo y fui a dar a una precaria casita rodeada de jardín, golpeé y sin asomarse siquiera contestó secamente:
- ¿Que querés? ¿Qué andas buscando?
-Vengo a ver a Zoe-, contesté titubeando, dándome cuenta que no había ensayado una excusa.
- ¿Para qué?- inquirió la voz.
- Quiero comunicarme con mi padre.
- Entrá, dejá 100 pesos sobre la mesa y sentate-, dijo con un tono de voz firme y resuelto.
Adentro había velas en cada rincón, lo que le deba un aspecto esotérico, un bracero en el suelo que daba calor y olor a carbón, las paredes precarias cubiertas con telas, había dos asientos, uno que entendí sería de ella, preparado como un trono, alto, cubierto con telas que brillaban, cómodo. El otro una silla rústica y pequeña, ahí me senté y esperé que apareciera.
Pensaba como se había desencadenado todo. Éramos muy jóvenes, ella vendía flores en el cementerio, café y maníes a la salida del cine, alfajores de maicena y helados en la puerta de la escuela.
Ella era todo movimiento, su cuerpo de junco, sus motas negras pegadas a la cabeza, sus aros de oro resplandecían como sus dientes en una boca enorme y sonriente que pintaba de rojo, aunque en aquel tiempo mis camaradas y yo no reparábamos en esos detalles precisamente. Eran tan fuertes nuestras fantasías que empezamos a hablar y a contar historias que no fueron, fantásticas y exageradas, poniendo en ella todos nuestros propios deseos.
Zoe ajena a nuestros rumores que fue cubriéndolo todo como una bruma espesa, siguió con su vida hasta que el pueblo se inquietó por esa mujer que con sus cafés, alfajores y helados contaminados con brebajes demoníacos, corrompía y perturbaba a los jóvenes del pueblo.
Así ,la ignorancia la convirtió en un animal exótico, supersexual, lujurioso demoníaco y corruptor que hizo que Zoe volviera a su casa de la periferia con los termos llenos de café, las flores marchitas, los maníes sin vender, los helados derretidos, los bolsillos vacíos, las miradas despectivas en su nuca, envuelta en un cuchicheo incesante.
Y dejamos de verla, aunque los rumores seguían, siempre había alguien a quien se le aparecía en la noche y era victima de un ataque sexual que al otro día contaba con lujos de detalles, dejándonos curiosos y ardientes. Las damas del pueblo con mi madre a la cabeza la defenestraron en sus reuniones de canasta y té, adjudicándole poderes extraordinarios y la convirtieron en un mito, le temían.
Un día escuché a mi madre decirle a sus amigas que Zoe se le apareció en la noche a mi padre mientras él regresaba del bar, y en una calle oscura y silenciosa lo atacó como un animal en celo dejándolo tirado en el piso inconsciente, y que por pudor no quiso hacer la denuncia a la policía.
Crecí con esas historias, que maliciosamente había comenzado yo por error, por cobarde, por estúpido.
Hoy estoy aquí, en su casa, con una excusa para saber de ella. Un gato negro me inspecciona rozándome su cuerpo y su cola por las piernas. El tiempo ha pasado, ya no soy un adolescente, mi padre ha muerto hace dos años, y yo debo mantener la casa.
Zoe también ha cambiado, ya no tiene esa enorme sonrisa. Sus ojos siguen siendo enormes pero serios, ha usado ese misticismo, esos poderes que le adjudicaron para sobrevivir y ahora envuelta en una capa de seda que cubre todo su cuerpo se presenta ante mí. Con sus dedos flacos y ágiles toma el dinero y lo guarda entre su ropaje.
-¿Qué querés saber?
Y yo no sé que decir.
-Él está aquí-, me dice con una seguridad que me conmueve.
-Está a tu lado, puedo verlo, rubio, de traje, te mira, te sonríe.
Y yo, que entré a esa casa sabiendo que esto es una farsa, me emociono y lloro sin vergüenza como un niño.
-Perdón- digo entre sollozos.
Zoe imperturbable cerrando los ojos dice:Los hijos no deben cargar con los pecados de los padres.
No entiendo que me dice pero me levanto conmovido, salgo de la humilde casa, el gato se me atraviesa y me demora un instante.
Zoe me dice monocorde: Podés venir cuando quieras.
-Así lo haré-, respondo secándome la cara.
En el jardín de entrada a la casa juega un pequeño niño negro de unos tres años, con los mismos ojos gigantes de Zoe, con la boca carnosa de su raza, con la alegría despreocupada de su edad. Y yo aturdido, le digo chau y acaricio sus pequeñas motas rubias.




© IRMA ACUÑA
Julio 07

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Cuento antiguo





... Era ese instante en que los relojes se deslizan por la chimeneas y los jinetes galopan en cabalgaduras de pasión. La luz que iluminaba la sala provenía de una olvidada vela encendida. En el sillón del rincón dormitaba la sombra del dueño de casa.
... De pronto la vela titubeó, pero se pudo distinguir cómo los personajes del cuadro que colgaba sobre la chimenea, se bajaban suavemente del paisaje y deambulaban inspeccionando la sala.
-¡Es como salir de un espejo! –se reía el niño de la pintura, mientras se sentaba al lado de la sombra. Esta no se despertó y eso le dio confianza.
La joven que bajó con él tenía una canasta con flores que iba amontonando en los rincones.
-Es para perfumar los recuerdos –decía, mientras cantaba suavemente una melodía de opereta.
El perro del cuadro fue el último en bajar. Quizás era, a pesar de su gran porte, algo tímido o estaba más entumecido por el largo tiempo que había permanecido en la misma posición de juego. El pelo rojizo con manchas blancas tardó en cobrar movimientos esponjosos.
Jugaban en la sala cada cual a su manera, con aire de conspiración y mucho de trasgresión.
El cuadro que aún colgaba con su marco dorado y de firuletes se veía ahora sólo habitado por pastos, árboles y nubes. Y por la magia del pintor seguía siendo interesante.
Pasó algún tiempo ¡quién sabe!, quizá sólo un instante, cuando uno de los relojes comenzó a dar campanadas agudas, como notas de un triángulo.
Un viento empezó a filtrarse por las rendijas de las puertas y ahí dentro se produjo un vendaval del cual era imposible escapar. Las figuras del cuadro se fueron desintegrando en pequeños trozos y algunos hasta cambiaron de color.
Cuando el viento cesó, todas esas formitas que nadaban por el aire cayeron con suavidad, despacio, sobre la alfombra. La transformaron en una alfombra oriental, tal era la disposición en que cayeron las sonrisas, el ojo avizor del perro, las flores de la muchacha, la tela de los ropajes.
Habían perdido su identidad.
Los ojos miraban desconcertados lo que había sucedido pero ahora no se podían mover.
... Cuando se hizo de día, escucharon los pasos presurosos de la mucama de la casa, en sus quehaceres. La vieron aparecer con un aparato ruidoso en la mano. De pronto otro aire, muy potente los arrancó del sopor y los metió sin más en una bolsa llena de polvo que fue desechada a los cinco minutos junto con otros desperdicios en un gran tacho.
La alfombra volvió a verse roja y lisa. El cuadro seguía solitario.
Ni sombra de la sombra.

© Carolina Menapace
10-03-06
® Birlibirloque


Río de nostalgia








Era domingo. Me desperté temprano. La claridad del día penetraba por la ventana. Un cielo azul, despejado prometía una mañana espléndida. Después del desayuno me puse un jogging y unas zapatillas, guardé una manzana en el bolsillo y salí a caminar. La necesidad de ver el río me llevó barranca abajo disfrutando del silencio que a esa hora aún reinaba en las calles dormidas del barrio. Una energía inusual invadía mi cuerpo. Me alegró haberme dormido temprano la noche anterior, descartando la lectura en la cama, que sin remedio me conducía a dormirme pasadas las 12 de la noche.
A lo lejos, en el horizonte, una línea tenue separaba el cielo del río. Apuré el paso fácil, cuesta abajo. A mi derecha una interminable reja se apoyaba sobre un sólido muro que se extendía a lo largo de varias cuadras hasta desembocar en las vías del ferrocarril. Mientras caminaba intenté ver como en aquellos años que había detrás de la verja. Había pasado mucho tiempo. La vegetación era ahora más tupida, no vi como antes la mansión. Sólo atiné a visualizar algunas partes como un rompecabezas, el resto de las piezas logró colocarlas el prodigio de la memoria… y otra vez la incógnita ¿quién vivía en ese palacio? Pasando las vías del tren casi como una continuación de la calle comenzaba lo que fuera en esa época el Balneario “Anchorena”. Ya no existían aquellos recreos de antaño que me volvían loca con el olor a parrilla en las que nunca me compraban algo. Reconocí algunos árboles que se erguían frondosos en su adultez. Todo había cambiado menos el muelle sobreviviente estoico de los embates de ese maravilloso río color tierra. Me acerqué a la orilla. El río dejaba al descubierto en su bajante grandes rocas, muchas ubicadas en los lugares que aún reconocía.

“Un hombre y una niña caminan hacia el agua sorteando las rocas con seguridad, ya no hacen pié, nadan uno junto al otro sin separarse. A la sombra de un sauce una mujer no los pierde de vista” Vi la imagen nítida, clara.

Un tren diferente anunció su paso, pocos vagones de moderno diseño. Me dirigí a la estación, era la misma, guardaba el encanto de su arquitectura ahora pintada, prolija, sólo que otro nombre había sido reemplazado por el de “Anchorena” se leía “Estación Tango” no supe por qué. Me senté en un banco, me comí la manzana mientras los recuerdos se subieron al tren, a los domingos de hace tantos años, al despertar temprano, a la vuelta al mediodía, al escozor del sol en la tersa piel de la niñez, al almuerzo frugal, a la siesta obligada.
Miré el río con un poco de pena, no era el mismo de antes, no habíamos sabido resguardarlo pero aún llevaba consigo una parte de mi historia. Remonté la barranca de vuelta, el paso ya no era tan ligero.
La nostalgia, los años, la pendiente tenían mucho que ver.
Sonreí haciendo un análisis de la mañana. Había cumplido, sin proponérmelo, varios mandatos inamovibles dictaminados por mi padre, en mi primera juventud: “la mañana es la mejor hora del día”; “las horas que se duermen antes de las 12 valen el doble”; “leer en la cama hace mal a la vista”;”una manzana por día, salud para toda la vida”.



© Erica Schworer

® Birlibirloque

Dios salve a la reina














Cuando abrí la puerta, vi tu rostro demacrado, ¿Qué te pasa? Nada, fue la respuesta para tranquilizarme, pero fue inútil mi preocupación seguiría a lo largo de los días, desdichados días de tu enfermedad.
Estabas sentado al piano como siempre, acompañado por lo que más querías, la música. ¡ No me mires así¡ tu voz sonó como una orden, las notas del piano brotaban con fuerza del talento de un grande, empezaste a cantar “Dios Salve a la Reina” ¿Te gusta? Como siempre esperabas mi aprobación, ¡Esto será inmortal¡ te respondí sin saber que así sería. De pronto te levantaste presuroso, corriste al baño, te seguí alarmado, te vi escupir sangre.
No es nada, no te preocupes­.
Hoy tenemos un recital, está todo vendido, mi comentario era para salir del momento preocupante, este recital será un éxito.
Volviste al piano, tu canto era un grito, yo no pensaba que era el principio del final.
Esa noche corriste sobre el escenario, los aplausos invadían el lugar abarrotado de público ansioso por escuchar tu inolvidable voz. La música los hizo bailar.
Los días pasaron y tu salud se deterioraba, el rostro demacrado, las fuerzas te abandonaban, cuando pasaste el portal, caíste al suelo.
Que rápido pasó todo, tu vida y la mía, los momentos de amistad, los cuadros que pintamos en el parque, tú siempre creando, diseñando los espléndidos trajes que lucías con glamour. La noticia de tu sufrimiento pronto corrió como agua en el río.
Hasta que llegó el día, triste día de tu partida.
Pero sigues inmortal,
¡ERES UN ICONO POR SIEMPRE FREDDY¡


© Remedios Pernas
22 / 3 / 08
® Birlibirloque

De cuando todo era en blanco y negro





Es una fotografía común, entre muchas otras, gente diversa que no parece tener un nexo entre sí.
Blanco y negro, casi sepia.
Mirando atentamente, cada uno de los integrantes, parecen estar actuando su papel, en un escenario y el personaje que llegarán a ser en el transcurrir del tiempo.
Un patio con una parra exuberante sobre las cabezas. Y el gesto congelado en el papel…
El padre, alto, bien erguido, con ropas de entrecasa, una boina blanca ladeada sobre su cabeza, aferradas las manos al caño de una escopeta.
La madre sonriendo con tristeza.
Una mujer joven, vestida como anciana.
La muchacha adolescente tomada del brazo del hombre con pose de diva.
Otra chica vestida de organdí, como de fiesta y con volados, seria, presintiendo los sufrimientos futuros.
Una niña pequeña levanta el ruedo de su vestidito con la mano izquierda, y con la derecha estrecha la mano de otra niña, que mira hacia el objetivo con el ceño fruncido.
La escenografía está muy cuidada. La jaula de los pájaros a un lado y entre las piernas de las chicas se adivina las patas del perro.
Hay además un pequeñito que da el clima perfecto. Con gesto serio y ojos cerrados toca su flauta, y la música es el bálsamo que cura las heridas que va abriendo la vida.


© Lidia A. González

® Birlibirloque



La victima propiciatoria









Durante la primera semana del mes, don Pérez salía a cobrar los alquileres de los negocios que poseía. Inútil era que sus inquilinos le suplicaran que volviese más adelante, él insistía con tozudez y si no conseguía su propósito, se paraba en la puerta del negocio y no se movía hasta que le pagaran.
Recorría a pie todo el pueblo haciendo las cobranzas.
- ¿Un vasito de vino?, don Pérez- le decían irónicamente cuando entraba al bar.
-Sólo un vaso de agua- replicaba sombrío.
Al llegar a su casa ponía a recalentar la olla de lentejas que le duraba varios días, le tiraba en el plato un cucharón al perro y le decía: Aquí tiene, suficiente por lo que hace.
Envolvía en papel de diario el dinero recaudado y se marchaba a depositarlo en el Banco Nación.

Vivía solo, los hijos se habían ido uno por uno al morir la madre, a él parecía no importarle mucho.
Con el dinero ahorrado se había comprado una casa en el pueblo y se retiró del campo dedicándose a comprar propiedades que se remataban y que luego ponía en alquiler.

Contrató a un matrimonio de medieros a los que explotaba miserablemente sacándoles más de la mitad de lo que cosechaba y de los chasinados que elaboraban, sin importarles que las sequías les dejaran apenas lo suficiente para subsistir.
Don Pérez se pasaba el día mirando el cielo y ante cualquier amago de tormenta se subía a la chatita y se dirigía a la chacra con intenciones de incendiar los pastizales resecos para que después de la lluvia el pasto brotase mejor.
-¡No haga eso don Roque!- le decía el peón- Cada vez que usted quema los yuyos la tierra se empobrece aún más.
-Pero hombre ¿qué sabe usted?- observaba el cielo con la caja de fósforos en la mano.

Aquella tarde parecía que la amenaza de lluvia se haría realidad, hacia un año que no llovía, sordos truenos hacían temblar la tierra, nubes cargadas de agua cruzaban el cielo, relámpagos celestes seguidos por el chasquido del rayo iluminaban todo, ordenó ensillar el tordillo y a pesar de las suplicas del peón que le decía ” Espere que llegue el Agustín que es más joven” montó y se alejó hacia el sector más alejado del campo. Dejó por precaución el caballo sin atar, con las riendas sueltas bajo un árbol y comenzó a hacer un frente de fuego, los pastizales resecos ardían al instante y él marchaba agachado con la caja de fósforos en mano. La quemazón avanzaba por un costado del campo como él quería, entusiasmado no advirtió que el viento estaba cambiando y ahora soplaba con furia para el lado del potrero, de repente lo vio levantarse y avanzar como una ola gigante, afligido rogaba que se extinguiese antes de llegar a los alambrados y no le quemase los postes y las varillas.
Un remolino de llamas subió al cielo y el viento comenzó a soplar del este trayendo las llamas hambrientas hacia donde estaba él. Echó a correr en la misma dirección en que lo pondría a salvo.
El caballo había huido despavorido y las riendas flameaban a su costado haciéndolo tropezar. Le faltaban como doscientos metros, corría tropezando y levantándose sin pensamiento alguno, más que las ansias desesperadas de llegar al camino. Las llamas lo perseguían bramando, queriendo darle alcance. El incendio se había vuelto incontrolable y daba miedo verlo devorar el pasto reseco, lenguas de fuego impulsadas por el viento rugían, giraban de un lado a otro y se extendían entre remolinos de humo calcinando todo lo que hallaban a su paso, el chilcal, los aromos, el espinillo. Las cañitas de los yuyos explotaban y volaban como flechas, saltando zanjas propagando a derecha e izquierda las llamas que se elevaban, jadeaban, parecían tomas aliento, daban voces dejando a su paso arbustos calcinados y palmeras que ardían como teas.
Los puesteros corrían espantados pero el fuego había ganado el borde del potrero y cruzó como una tromba para detenerse y morir al pie de los chiqueros, justo en el linde del patio. Llegaron junto al infeliz que no había alcanzado a cruzar el alambrado. Lo hallaron con un pie en el segundo hilo, listo para saltar, las manos crispadas sobre la última hilera, sin barba ni pelo, las alpargatas humeando y la ropa ardiendo todavía, la boca abierta en un postrero grito de terror.
Se hizo un silencio absoluto y cuando aún flotaba en el aire el olor a pasto quemado, el día se hizo noche y truenos amenazantes hicieron temblar la tierra, refucilos rojizos zigzagueaban en el horizonte y rayos que parecían desgajar el cielo llenaban el ambiente con un olor a pólvora quemada.
Grandes gotas comenzaron a caer sobre el campo levantando columnas de humo, lerdas y pesadas hasta que se convirtieron en una densa cortina de agua.


© Myrta Zweifel

® Birlibirloque

Despierto







(cliquee sobre imagen para ver)

(Diseño imagen - Milagro Haack- Valencia - Venezuela)



© Cecilia Ortiz
® Birlibirloque

viernes, 5 de septiembre de 2008

Ángulo recto




Aunque helara o hubiese un sol que partiera la tierra, el viejo marchaba rumbo a las quintas con sus herramientas en una bolsa de arpillera, a carpir, a podar los rosales y hacerles un cono perfecto de tierra alrededor del tronco. Iba siempre a pie porque le era imposible ascender al colectivo debido a una deformidad de la columna que lo mantenía doblado a partir de la cintura.
Calzaba zapatos que una vez debieron ser marrones, no usaba medias, sujetaba sus pantalones arratonados con un pedazo de cuerda. Carpía y lloraba, secándose continuamente los ojos con un trapo mugriento, ya que su posición forzada le había provocado la caída del párpado inferior, lo que hacia que las lagrimas que bañan habitualmente la cornea no pudieran deslizarse por el conducto lagrimal y cayeran al suelo.
Vivía con dos viejas malvadas que le pegaban todos los días por cualquier motivo. Si volcaba la sopa ¡palos!, si traía poco dinero o si no se hacia tiempo para arreglar el parque de la casa ruinosa que habitaban ¡palos!
-¡Puerco, chancho!- le gritaban mientras descargaban el cinto en su lomo. Él huía a la cochera donde dormía sobre un camastro con flejes que hacían un ruido infernal cuando trataba de acostarse, de levantar las piernas, acomodar la espalda para quedar tendido de lado y poder dormir.

Los hijos del vecino del fondo trepaban a una piedra y acodados en el tapial, espiaban como las brujas maltrataban al anciano. Cuando las veían en el patio tejiendo al sol las volvían locas a hondazos y las viejas gritaban como gallinas maldiciendo y mirando hacia todos lados para descargar luego con más saña golpes en la cabeza y espalda del infeliz que se atajaba con el antebrazo doblado.
Un día el viejo cortó el pasto con una guadaña y lo acercó hasta la boca de un pozo abandonado que tenía como única protección unas maderas cruzadas, retiró con dificultad los tirantes y fue tapando la boca con ramas secas hasta cubrirla por completo; con el rastrillo desparramó el pasto cortado sobre las ramas y lo dejó parejo como el resto del césped. Hecho lo cual guardó sus herramientas y se fue caminando trabajosamente con la bolsa al hombro apoyado en su bastón.
Los chicos habían advertido su maniobra, porque estaban esperando que se alejara para saltar a sacar mandarinas. Conocían muy bien el pozo, ya que el mismo viejo les había prevenido de él y sabían que era hondísimo y que tenía agua en el fondo, a veces tiraban en su interior piedritas o pedazos de ladrillo que al chocar en el fondo hacían un ¡placc! lejano y cavernoso.
No comprendieron el proceder del anciano hasta ver a las dos hermanas que venían desde la casa con sendas canastas en las manos, seguramente para cortar la fruta al advertir con alarma como las mandarinas iban desapareciendo. Casi sin aliento las miraban acercarse conversando en dirección al árbol sin sospechar nada, ya que los tablones se veían como siempre cruzados junto a unos yuyos.
De pronto entre un ruido de ramas rotas y unos chillidos desgarradores las vieron desaparecer entre el pasto esparcido, las arpías no pudieron desplegar sus alas, una se hundió de pie y la otra dio una voltereta en el aire y cayó de cabeza, exhibiendo sus calzones de frisa hasta las rodillas y medias blancas.
Temblando saltaron de la piedra y entraron a la casa, almorzaron en silencio tomando la sopa con mano temblorosa y se fueron a comer mandarinas sentados al sol escupiendo lejos las semillas sin decir una palabra.

© Myrta Zweifel


® Birlibirloque

28 de octubre de 2007


Día de elecciones - obligatorias-

Un derecho o un castigo que, como ciudadanos, en una época donde - como contaba Saramago en un relato bastante realista - “el derecho se murió hace siglos”.

Para ejercer, hay que ejercitar y elegir listas infinitas, con nombres poco conocidos o medianamente reconocidos. Esto hace que, como ciudadanos, andemos a la deriva de cola en cola, para hacer uso de algo que, sabemos, es como lanzar una botella con mensaje, al mar.
Siempre (y desde siempre) el acto electoral es de una connotación incierta. Votamos en las instituciones que se usan para la enseñanza. No hay estructuras o soportes para el más significativo de los actos democráticos que podemos ejercer.
Nuestros representantes sólo actúan como actores de un protagónico -personal- sin compromiso en la actuación
Estoy delante de un colegio en el suburbano. Gritos de protesta, en la muchedumbre que no dejan entrar. No son las ocho de la mañana. Mi reloj anuncia 13:30. Estoy desde antes de las 12 observando este panorama.
La gente entró. No sé que ocurrirá adentro. Lo imagino. Largas colas. Conversaciones descargando bronca, autoridades sin autoridad y las urnas llenándose de frustraciones y desgano.
¿Y la Patria? ¿Y la historia? ¿Y los intereses creados?
Son tantas inquietudes que no puedo responder.
Ni siquiera puedo expresar un buen deseo por mi país.
Siento que es desolador sentir esto. Trato de compensar mi sentimiento con alguna imagen. Veo gente caminando. El cielo algo nublado. Los árboles balanceando el follaje, verde luminoso. Los colectivos en loca carrera por llegar y volver a salir. Nada indica una señal tranquilizadora.
Mi celular trae los mensajes de texto de Pablo, que logró penetrar la zona temblorosa con sacudones en escala no registrable, de la puerta.
Ya está a punto de entrar a otra zona, - cuarto oscuro-
Vaya el nombrecito. En la oscuridad decidir el futuro gobierno.
Voto secreto. Tanteos en boca de urnas. Manoseo de libre elección: si no encontrás la boleta que querés, agarrá cualquiera (no está dicho pero es lo que surge).
¿Todo junto por el mismo precio?
No es un combo turístico, pero lo parece.
Vamos a viajar desde el Beato Juan XXIII (Ramos Mejía) hasta el Dardo Rocha (San Isidro)
Día de elecciones.
Las palomas andan entre pasos perdidos y la protesta ciudadana anda de boca en boca.
Me asomo por encima de mi libreta de notas y miro hacia el horizonte, por arriba de un borde edificado, ondea la Bandera Nacional.
Ojalá sea un buen símbolo.
Por ahora, el único símbolo que veo con claridad.

14 horas (el mismo lugar)
Llega de la Comisaría 2da. de Ramos Mejía una camioneta con el número interno 711, para ¿contener? a un ciudadano que no está en el padrón, que no lo encuentran en ningún padrón.
Reclamó por sus derechos.
Lo último que dijo fue: no me podés obligar a hacer algo que no quiero (lo invitaban a ir a la comisaría) tengo derechos.
Lo trataron como a un delincuente. Al suelo, boca abajo, manos atrás (cara sin cubrir) y cuando reclamamos por el mal trato hacia el hombre, el vocabulario de uno los representantes de la Policía es irreproducible, sobre todo el tono violento.
Si lo reproduzco sería: ¡Sí, tengo pelotas, pero no nací con mi uniforme!
¿Metáfora?
Lo que me queda claro es que no tienen autoridad. Mientras lo metían en la camioneta, al supuesto infractor, otro uniformado dijo: ¿No ven que es un siquiátrico?
Será otra metáfora. Imagino.
Lo cierto es que si a símbolos me refiero, este que acabo de presenciar no sirve.
Miro otra vez la bandera y expreso un deseo.
Pero, como cuando se apagan las velitas de la torta de cumpleaños, no lo digo. Para que se cumpla.


Acassuso 19:30
(Las horas anteriores se consumieron entre viaje y colas) llegamos a las 16:55.
Colegio Dardo Rocha. Un infierno y no del Dante.
50 % menos de mesas (dicho por la presidente de la mesa 5124) y escuché mientras esperaba para votar en la 5123. Lo que significa doble cantidad de votantes en cada mesa.
Un dato MUY importante. Las urnas no duplicaron el tamaño y a las 18:45 horas, con un poco más del 50 % de mujeres que votaban en mi mesa, hubo que introducir mi sobre con una regla y sacudir la urna (de cartón y poco confiable) como si fuera una lata con galletitas.
Derecho o castigo, me pregunté a las 13:30. Ya tengo la respuesta.
Castigo.
Me pregunto ahora.
¿Cómo retribuir el gesto a los culpables?
¿Habrá manera o tendremos que seguir con la procesión y sin santo?

Nota: Por los “inconvenientes” se postergó el cierre de la votación hasta las 19 horas.

Al salir a las 18:50 quedaban personas sin poder ingresar al establecimiento.
Ahora tomamos un café con leche, mientras, en algún lugar incierto, alguien estará especulando con todo lo ocurrido. (Tendrá la recompensa)
Si se sienta en el sillón de Rivadavia, que le caigan las maldiciones de todos los que perdimos 10 horas de vida para cumplir con nuestro deber.
No es ser injusta. ¿No?

22:30 del mismo día

Regreso.
Con la convicción de que todo lo hecho es inútil. Con un cansancio que parece multiplicado por 10.
Pasamos por un colegio (del partido de La Matanza, recién y las luces de las aulas indican que hay gente trabajando). Ya las noticias anuncian una ganadora.
¿Cómo lo hizo?
Sólo ella lo sabe.
(Nosotros también, pero… cómo hacer frente a semejante denuncia).
En nuestra conciencia, el registro de “obligaciones cumplidas” es fuerte.
También la decepción. Pero no cuenta para nadie.
¿Quién está reclamando?
Victoria. Nunca quisiera salir victoriosa de esta manera.
Todavía no bajamos los brazos y en la cotidiana vida de trabajo, resistiremos los embates de la indiferencia.
Nos sabemos números en un extenso listado. Sólo eso.

Ya ocurrió. El camino será el que resulte de este día inútil.
Para nosotros, ciudadanos confundidos, constituir un refugio es lo más importante.
Refugio incluye todo, hasta el mínimo detalle que no será tal cuando lo necesitemos.
Fin del día.
Aquí un plato de comida y manos unidas son el símbolo que había faltado.
Todo suma. Hasta lo que fue negativo.
Dios salve… ¿a quién?


© Cecilia Ortiz
(De: mi libreta de notas)

® Birlibirloque


La piedra





Habrá rodado montaña abajo, expelida como un proyectil, desde un volcán en erupción. En su origen, magma, luego envuelta en el frío brutal de la atmósfera, convertida en piedra.
O tal vez formó parte de un meteorito, que pulverizado se hundió en el océano, y quedó en el lecho marino, torneada y pulida por el incesante movimiento del agua y la arena.
Quizás las mismas corrientes marinas la fueron empujando a las orillas de un río, donde estuvo siglos, entre juncales y peces, hasta que un niño la descubrió, tomó en sus manos brevemente y arrojó lejos, a otra orilla, donde un hombre la encontró.
Despertó su interés o curiosidad y la llevó a su casa.

Con ansiedad la fue acariciando y conociendo.
Quedó guardada en un cajón de la mesa de luz, durante toda su vida. Sólo cuando se encontraba enfermo la tomaba para tenerla entre sus manos.

Y en su mano derecha estaba cuando él murió.

Esta piedra de basalto, verdinegra y lustrosa, que llegó a mí hace muchísimos años, a la que siempre le descubro una faceta nueva, es irregular, casi amorfa, pesadísima.

Según la apoyo sobre la mesa parece un torso de mujer en escorzo.

Si la giro, semeja el rostro de un aborigen australiano sonriendo, con los ojos cerrados…

Pero ayer, al tomarla en mi mano apareció misteriosamente una calavera achatada, con el cráneo fisurado, que podría jurar no haberla visto nunca.



© Lidia A. González

® Birlibirloque

Deseada





Amada, ardo en deseo por verte
recorrerte entera con la mirada.
En mis largos insomnios te imagino
bella como ninguna
¿acaso tú me esperas
con el mismo deseo contenido?

Mi amor es cruel.
Te siento inalcanzable, irreal,
amada.
Triste es el amor en la distancia.
Eres conjunción de luces y glamour
de poetas y pintores
que cantan y pintan tus encantos.

La dicha de verte está lejana
(como la estrella más distante)
como melodía inconclusa.
Igual a un amor inalcanzable.

Deseo abrazarte y que me abraces.
Retener dentro de mí tu belleza
Te quiero real, iluminada, romántica.
Quisiera que me esperes
como al amante ansiado
-nuestro encuentro será real-
(lo presiento)

Quisiera ser gaviota
y en un vuelo
surcar el mar que nos separa.

Ciudad luz te dicen, ¡Oh París¡
¡Quiero verte!


© Remedios Pernas
10 /10 /07
® Birlibirloque

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(cliquee sobre imagen para ver)


© Carolina Menapace

®Birlibirloque

Frases en loca contaminación






- la gota cae insistente con ritmo acompasado tic-tac
- la gota penetra en su cerebro – los segundos se cuentan en gotas
- el sol lánguido de invierno
- la enamorada duerme
- la azalea florece
- el sillón rojo…enloqueció
- una zapatilla sin dueño
- la alcantarilla sedienta
- la mujer del cuadro sueña
- una factura impaga espera
- una sola hoja mira desde lo alto
- la copa de vino se ahogó en su pena
- un trébol sin suerte
- la estrella titila





La mujer del cuadro sueña en su obligada inmovilidad, mientras el sol lánguido de invierno asoma por la ventana azul del cielo; la enamorada duerme; la azalea florece y un trébol sin suerte muere, dentro de las páginas de un libro, recostado sobre el sillón rojo que enloquece, escuchando la gota que cae insistente con ritmo acompasado, penetrando por la alcantarilla sedienta .
Una zapatilla sin dueño, ni compañera, llora su soledad añorando un vaso de vino que ahogue su pena.
La noche vuelca su encanto de luna, solo queda una estrella que titila en la insondable inmensidad.
Una factura impaga…espera.




© Erica Schworer
30/07/08

® Birlibirloque

La gran perra madre que la parió












PERRA SALVÓ A UNA RECIÉN NACIDA

Buenos Aires - Una perra encontró en un campo a una bebé recién nacida que había sido abandonada por su madre de 14 años y la salvó al darle calor junto a sus cachorros.



No se conocieron, pero sus caminos se cruzaron casual y salvajemente.
Las dos están ahora agotadas y sin entender el revuelo que despiertan sus actos.

Una, escucha y huele el peligro de la cría de la otra, en la soledad oscura y fría.
Y con la mayor delicadeza de la que es capaz, la fue llevando a la tibieza de su hogar, donde yace su hijito, también recién nacido.
Les da calor y húmedas caricias, sabiendo que eso está bien para su hijo y está bien para el hijo de la otra madre.

La otra, tiene el cuerpo exhausto y al mismo tiempo liberado. Está golpeada por el parto inesperado.
Parió en soledad y a la intemperie, se fue sin ver ni oler ni escuchar, simplemente se fue, dejando en el pastizal un crío que no entiende, llevándose desconcierto y sin sentido.


© Irma Acuña

® Birlibirloque

sábado, 30 de agosto de 2008

Infancia


DESAPARECIÓ NENA DE DOCE AÑOS
De la parada del colectivo para ir a la escuela en Buenos Aires, hasta la frontera con un país vecino.
Más de mil kilómetros huyendo.
Durante 40 días la búsqueda se difundió por diferentes canales: televisión, radio, Internet.

La madre pide ayuda a todos los medios.
Por detrás de toda la “inocencia” del acontecimiento siempre hay culpas de padres que no respetan los derechos de los niños.
Cómo quererlos, vestirlos, respetar su individualidad, animarlos en sus decisiones -sobre todo- en la infancia y la adolescencia.

¡Infancia! ¡ Campo verde, campanario, palmera
mirador de colores; sol, vaga mariposa
que colgabas a la tarde de primavera,
en el cenit azul, una caricia rosa!

¡Jardín cerrado, en donde un pájaro cantaba,
por el verdor teñido de melodiosos oros;
brisa suave y fresca, en la que me llegaba
la música lejana de la plaza de toros!
(fragmento de Juan Ramón Jiménez)

La nena de doce años desaparecida se encontró en los límites con Bolivia. Se fue por decisión propia.
La madre aparece agradeciendo a todos los medios.
Los motivos no pueden ser explicados, dice, por secreto de sumario.


© María Elsa Bravo
® Birlibirloque

...Acerca del amor...



Digresiones de un grupo de mujeres acerca del “amor” en una apacible tarde de otoño…


Todo comenzó con el reiterativo lamento de lo difícil que resulta encontrar un amor, que además perdure…
Al momento comenzamos a hablar todas a la vez. Luego, a su tiempo, algunas se expresaron a gusto.
La veterana enunció una gama variada de amores, generando dudas sobre la veracidad de aquellos.
Confesó haber tenido amores tempestuosos, serenos, clandestinos, breves, interminables. Alguno tan pesado que costó mucho deshacerse de él. Otro tan light como un yogurt.
La morocha, con irónica sonrisa, y enarcando las cejas soltó: A mí me pierden los hombres intelectuales, profundos, inteligentes… Especie totalmente en extinción, por tal motivo me encuentro sola.
Las miradas se dirigieron a la flaca Sonia, que levantando su dedo pedagógico dijo: Los sentimientos, la pasión, el amor, todas las sensaciones que te perturban, incluso el placer físico necesitan un componente vital, que no hay que olvidar, el estado financiero del candidato. No es igual un amor en Palma de Mallorca, que en ¡González Catán!
Soledad concluyó que su experiencia personal no servía como ejemplo, ya que cada una ama o deja de hacerlo por múltiples razones, que carecen de explicación racional.
Ahí, remató la veterana: Para definir el amor puede utilizarse un bosque de palabras.
Pero creo que es perfecta la definición “Un amor a cuerda”. Significa mantenerlo en acción en forma constante.
Tensar la cuerda, darle cuerda, aflojar la cuerda, y esperar que tenga cuerda para rato…



© Lidia A. González

® Birlibirloque

Antes de la noticia






Con la cámara al hombro corro detrás de Andrés, que se detiene frente al cordón policial.
-Enfocáme la cara, luego paneá por atrás y esfumás la visión antes del corte.
Actúo como un autómata mientras miro más atrás. La esquina, el camión volcado, el auto debajo, la mujer que llora, el gordo en camiseta que mastica un palito y pone cara de yo no fui.
Andrés viene con un flaco de pelo largo, me hace señas. Lo enfoco. Es el conductor de la ambulancia que espera los bomberos. El hombre está nervioso.
-Yo no vi nada. No quiero ver más, hay mucha sangre y para mí, el camionero iba rápido y se tragó el auto.
Aparece una mujer con la escoba en una mano y una niña comiendo chocolate de la otra. Andrés vuelve a las señas. Lo enfoco.
-Señor, yo vi todo. No como éste que habla porque tiene el uniforme verde.
-Señora, hablé porque me preguntaron.
-Pero si no sabés nada, para qué hacés facha delante de la cámara.
-¡Yo no hice facha!
Andrés interviene y pregunta. La mujer de la escoba contesta rápido.
-El viejo del auto tuvo la culpa, pasó al camión y dobló adelante. ¿Qué iba hacer el gordo? ¡Lo atropelló!
El flaco la interrumpe.
-Señora, dígale a la nena que no me toque. Tiene las manos sucias de chocolate.
-¿Y a vos, que te molesta la criatura? ¡Gusano!
-No me ofenda.
-¿Cómo te vas a ofender? ¡Sos un gusano! ¿Por una manchita de chocolate, qué te va a pasar? ¿Te van a echar?
El flaco se va. Lo sigo con la cámara. La mujer también lo sigue.
-¡No te vayas, que sin vos no hay noticias!
-¡Cortála, infelíz!
La mujer suelta a la nena y la escoba cae. Lo agarra de los pelos. Él se defiende.
-¡Soltáme, histérica!
En el piso, el flaco y la mujer, son un rollo de dos colores que va y viene. La nena llora, grita y se agarra de los pantalones de Andrés.
-¿Qué comió esta loca, una chocolatería?
La mujer, de un salto, está al lado y le da un cachetazo..
Andrés, sorprendido, responde igual.
El conductor de la ambulancia, recomponiéndose la ropa, sale en defensa de la mujer. la nena tironea de los cables, llegaron los bomberos, hay un alboroto terrible.
Ya no sé dónde estará Andrés. Un policía se lo llevó mientras el flaco y la señora se abrazaban.
La nena saca otro chocolate del bolsillo.
Huyo del lugar.
Odio el chocolate.




® Cecilia Ortiz


® Birlibirloque


Sombras y luces




Por las rendijas de la persiana se filtraban los primeros rayos de luz que traía la mañana, dibujando sobe la pared líneas tenues que resaltaban en la oscuridad. Los sonidos del exterior aún conservaban el sopor de horas pasadas, de vez en cuando un pájaro dejaba oír su canto en la lejanía. Recostada entre las sábanas revueltas miraba fijo un horizonte inexistente. Su cuerpo descansaba lánguido, hermoso, exhuberante, desnudo. Una mezcla voluptuosa de cigarrillo, alcohol y sexo inundaba aún el ambiente. Abandonada y solitaria.
¡Ni abandonada, ni solitaria! Quién te autoriza a decidir mi estado si hace apenas unos segundos que ponés en marcha mi historia estableciendo un juicio sobre mi persona.
El reloj sacudió su letargo. Extendió la mano para callar su innecesario aviso. Le había tapado la boca con un beso para callar la queja. Sabor a él. Magia de encuentro. Se hundió aún más en el lecho.
Es tu decisión, ahora estoy acá, no sé hasta cuando. No dejemos pasar lo que sentimos. La voz volvía una y otra vez. Los ojos negros la miraban buscando una respuesta. Ladeó la cabeza. La almohada conservaba aún su olor que se expandió como una oleada de sensaciones interiores. Se dejó llevar.
Adonde me dejé llevar? Ya no me dejo llevar por esos ataques románticos que has decidido que forman parte de mi ser. Hace mucho tiempo olvidé esas tonterías, nunca me dieron resultado. Igual tengo que reconocer, hace mucho que no siento algo parecido.
Hizo un esfuerzo para salir de las ensoñaciones que la embargaban. Ahora los sonidos llegaban de afuera y anunciaban el trajín de un nuevo día. El sol se colaba urgente por las rendijas. Una polilla revoloteaba paseando su vuelo de la luz a la sombra. Alas de brillo ceniciento. Destino errante. Dos vidas efímeras en un pequeño espacio. ¿Cuál era la diferencia?
¡Diferencia! De qué estás hablando? Efímera va a ser en el instante cuando al levantarme la aplauda entre mis manos, igual que me aplaudieron a mí tantas veces. No hay espacio para las dos.

¡Arriba, basta de tanta pavada! La ducha se va a llevar todos los recuerdos.
Arrastró su desnudez debajo del agua tibia que parecía renovarla. Alzó la cabeza dejando que la lluvia borrara sólo los signos de la noche pegados al cuerpo, los del alma seguían allí. Otras veces había sentido ese amago de felicidad pero había durado tan poco. Era diferente esta vez.
¿Es distinto? No lo sé, sólo quiero que lo sea.
-Mirá Lucía, todos los hombres son iguales, al principio te parece que encontraste la única maravilla que camina en el mundo, hasta que te demuestran que no es así.
Sonrió mientras secaba el pelo. Las frases de Inés sonaban terminantes. Sin embargo ella quería tener esperanza.
-Mirá querida, lo último que se pierde es la esperanza, ¿que perdés? tal vez ésta es la vencida.
Levantó la persiana dejando que el sol penetrara por la ventana acariciándole el cuerpo y el alma. No quería que la oscuridad siguiera envolviéndola, quería que su corazón estuviera de nuevo habitado, quería otro milagro.
¿Un milagro? Sí, en eso estamos de acuerdo, un milagro, sólo uno para demostrarme que existen, porque hasta ahora ellos fueron invisibles para mí. Sólo uno, tan sólo uno, ¿porqué no?
El movimiento de la calle la sacó de tantos pensamientos, volviéndola a la realidad.

Una bocina acompañada de un silbido de aprobación le hizo girar la mirada. Se sintió halagada. Caminó unos pasos hasta la esquina.


Levantó un brazo decidida y paró un taxi.



© Erica Schworer
® Birlibirloque