lunes, 31 de diciembre de 2012
Feliz nuevo año
Sean felices.
Abracen a los seres queridos.
Contagien alegría.
Salud para todos.
Convivamos en Paz!!
Es el deseo de
Birlibirloqueras.
Por el placer de estar juntas. Siempre.
Abrazos para todos!!!
domingo, 4 de noviembre de 2012
Birlibirloqueando
Vídeo realizado con fotografías hechas en diferentes reuniones
del Grupo Birlibirloque, escritura creativa.
Dirigido/realizado por Jerry.O, seudónimo que utiliza Cecilia Ortiz en su vídeos.
Como siempre: por el placer de estar juntas.
Abrazo para todos
Birlibirloqueras
viernes, 3 de agosto de 2012
El mundo en miniatura
Los días que estábamos aislados, por las contínuas nevadas, nuestra casa era todo el mundo.
La vida cotidiana, la vivíamos sin horarios. Las clases se suspendían, para mí y mis hermanos todo eso resultaba muy agradable.
Mis padres se dedicaban a tareas que dejaban para los días de incesantes nevadas
Mi madre cosía pilas de ropa y mi padre en el taller, fabricaba algún modelo de zapato. Luego los estrenaría mi hermana, con gusto pues tenían tacón y plataforma.
Yo, la pequeña, tenía mi mundo propio, como siempre creando mundos de fantasia (por aquel entonces no sabía que eso, muchos años después se tranformaría en relatos escritos).
En los días de encierro abría sigilosamente la puerta de la huerta, fascinada disfrutaba el hermoso paisaje blanco.
La altura que la nieve dejaba sobre el suelo, era perfecta para introducir un palo y poco a poco hacia un túnel en el que transitaba un tren imaginario y mi constante chucuuu… chucuu despertaba al gato dormilón.
Mis hermanos fabricaban pelotas de trapo con los retazos que tiraba mi madre al lado de máquina de coser. Las ataban con lana del tejido de mi hermana. El partido empezaba en el patio hasta que la pelota quedaba convertida en hilachas.
Cuando se agotaban los juegos con placer
escuchábamos el llamado de mi madre.
-¡A comer!
Después de la comida nos sentábamos a mirar por la ventana cómo la nieve reposaba en los árboles y los caminos se hacían intransitables.
Días de placentero encierro, con gusto a castañas asadas.
© Remedios Pernas
® Birlibirloque
18 / 1 / 12
El jardinero
El jardinero había caminado muchísimo. No tenía bicicleta, y le dolía un pié si y otro no.
Alternadamente.
Mientras se enjugaba la frente, fue atropellado por una pandilla de árboles, que reían por
su cara coloradota.
Pidió a los árboles un poco de sombra, le contestaron que no tenían, pues los pájaros los
mortificaban día y noche picoteándolos mientras buscaban insectos para alimentarse.
Al atardecer el sol dejó de sofocar, el jardinero tomó un vaso de agua, que guardaba en
la almohada, y se echó a dormir.
Comenzaron a llegar árboles de otros lugares para ver dormir al jardinero..
Este momento es bueno para darle su merecido.
¿Y si él no fue ‘?
Revisemos su morral para saber…
Es posible. Tiene una navaja, es peligroso.
Yo creo que él, hundió su navaja en mi tronco, dibujó un corazón y escribió ´Pepe ama
a Luisa¨.
A mi me grabó ¨Pablo estuvo aquí con Rosita en el 2000 ¨
El jardinero abrió un ojo, aguzó el oído, y no vio ni oyó a ningún ser humano. Comenzó
a tener frío y miedo. Salió la luna y los árboles se veían distintos, parecían de plata, y dis-
cutían sacudiendo los brazos como ramas.
Le requerían al hombre, enojados, por la depredación de su especie, y les recordaba que se
calentaban con su leña, construían sus casas con la madera que aserraban, y al final, cuando morían los guardaban en una caja ¿ de metal ?. No, de madera.
El jardinero pensaba en su trabajo cotidiano de poda perpetua, y no dijo ni mu. Solo pidió
perdón.
Lo dejaron ir. Y en el camino, cavilando, caminaba por un sendero de sueños soñados por árboles, que caminaban cavilando sueños….
© Lidia A. González
® Birlibirloque
Las voces interiores
Ellos tenían una gran ventaja sobre los demás, él estaba muerto y ella estaba loca.
Eran inimputables, Lucila no tenía conciencia del peligro. Podía gritar a los cuatro vientos, ¡Asesinos hijos de puta!, mientras escuchaba la voz de él diciéndole, ¡Poné cuidado! Son unos imbéciles pero no por eso menos peligrosos.
Ella sonreía y murmuraba, Han cambiado de discurso, ahora quieren seducirme con halagos y agregaba inclinando la cabeza, ¿Qué querés? ¿Que no les diga nada? ¿Que hable del mate amargo, de cómo me gustan los bizcochitos con grasa, o del día que robamos un atado de fasos?... ¿Que me aproveche de la inimputabilidad? ¡Mirá si me curo de repente y toman represalias!
O si lo de Lázaro resuelta cierto, le susurraba él en el oído.
Callate, estás alucinando, se me cierran los ojos; ya me dieron la pastilla. Es muy tarde para volver a la cordura… ¡ojalá te vea mañana! Y, no salgas esta noche porque te están buscando…
© Myrta Zweifel
® Birlibirloque
La puerta se cerró
y corrí hacia la escuela como todos los días, con mi amiga Ana y su madre. La mía quedó, como hacía ya bastante en casa, en cama, con sus ojos desbordados y aureolados.
Al verme salir, levantó el índice como amagando un adiós con la mano que mi apuro matutino de lanchera, mochila, campera, guantes y una cartulina celeste apenas divisó.
Mis ocho años no me dejaban ver toda la situación, tenía yo una visión de tubo, pero cuando ampliaba la visión y podía abarcarlo todo, siempre había alguien que piadosamente me leía una realidad diferente y tranquilizadora.
Al volver de la escuela ya no había mamá, empecé a tener una abuela-mamá, que ejercía con toda vocación. Me contaba enfáticamente su decepción con mi padre, de cómo nos traicionó, de su familia otra, de los hijos y esposa que tenía, de cómo me abandonó, y robó mis juguetes, mi televisión, mi casa de mamá y del juicio que devolvería todo, ella decía que litigaría hasta su muerte, y ésta vino antes que el resarcimiento.
Ambos murieron, mi padre abandónico y traidor y mi abuela gallega y mamá.
Negoció con Dios respirar hasta mis dieciocho años pero el cáncer nada sabe de edades ni necesidades.
La madre de mi amiga Ana hacia la comida, me invitaba a comer, a dormir, lavaba nuestras ropas y hablaba con mis profesores y con los médicos de la abuela, con una voz urgente.
La puerta de la sala de hospital se cerró y supe que mi abuela-mamá moriría. Lo supe porque vi a la directora del colegio, a mi madrina, a la mamá de mi amiga Ana con su asmática sonrisa que tensaba el ambiente, y todos me miraban húmedo y me hacían reír.
El agujero se cerró. Se fue llenando de tierra y flores. Ahora la tristeza me invade pero en ese momento sentí alivio. Porque duele más aguardar una muerte que la muerte misma.
La puerta del coche se cerró y voy a mi nueva casa. Comienza mi vida con mi madrina, amiga de mi madre, representante legal, jueza. Que alguna vez prometió a mi madre ocuparse de mí y esa promesa le fue pisando los pies mientras ella corría una carrera escapista por las calles de Olivos, argumentando tener sus propios problemas, hijos, carrera, obligaciones.
La madre de Ana rubrica con su asma acompasado el compromiso de que yo en su casa tengo un lugar vitalicio.
La puerta de mi nueva habitación se cerró y quedé en ésta mi nueva casa, mi nueva familia, donde todo es legal y se impone el deber y la moral.
Voy todos los días a la casa de Ana, porque la puerta siempre está abierta para mí. Me gusta el olor a comida, las patas sucias del perro en mi uniforme, el sonido de la respiración de la madre de Ana, los fines de semana salimos y nos emborrachamos porque nos gusta perder la conciencia por unas horas. Yo necesito olvidarme y recordar. Ana de pura amiga nomás que es.
© Irma Acuña
® Birlibirloque
Se alquila para soñar
decía el cartel que descansaba sobre el costado izquierdo del mendigo que, todas las mañanas, se instalaba en el andén del tren que iba a Retiro, en San Fernando.
Apareció una mañana, serían más o menos las ocho, llevando consigo un perro indefinido y una almohada grande. Y se instaló.
La gente pasaba a su lado y en el apuro por no perder el tren, no reparaba en el hombre, el perro y mucho menos en el cartel. A él no parecía importarle porque se lo notaba muy tranquilo, casi displicente en la espera.
Después de varias horas, un viejo se paró a su lado.
-¿Cómo es esto de que se alquila para soñar?
-Si, alquilo la almohada. Es muy soñadora. Las personas que la alquilaron antes, quedaron muy satisfechas –respondió el pordiosero.
El perro, indiferente a la charla, dormía moviendo de a ratos el hocico.
-¿Ve? Él está soñando porque hace un rato se apoyó en la almohada.
-¿Y qué sueños tiene?
-No sé, nunca me dijo. Le pregunté varias veces pero lo único que hizo fue mirarme. Y mover la cola. Se ve que son sueños lindos.
-¿Y usted, cuando usa la almohada, qué sueña?
- Sueño conmigo mismo. A veces me veo en una gran casa y en una cama enorme, pero ese no es mi gran sueño. Mi sueño es poder soñar con mi mujer, pero no lo logro. La almohada hace un gran esfuerzo pero no consigue ponerse en contacto con ella. Julia se fue hace tanto que ya casi no recuerdo su cara, pero si sus manos. ¡Eran tan suaves y protectoras! Trato de encontrarla en el sueño pero cuando parece que ya llega su imagen, se transforma en otra cosa y la pierdo.
-¿Me está diciendo que la almohada convoca sus sueños, los que quiera?
-Eso mismo. Por eso la alquilo para que alguien también pueda soñar su sueño preferido y saltar así hacia su destino.
-¿Cualquiera puede soñar?
-Si, señor. Sólo tiene que apoyar su cabeza en la almohada y cerrar los ojos.
-Hum, me parece difícil que a un viejo como yo le queden sueños.
-Todos tenemos, en cualquier tiempo, un sueño para soñar. Es cuestión de esperanza.
-Ahora que recuerdo tengo un sueño, un viejo sueño. No volví nunca. Me gustaría estar en Italia. Le alquilo la almohada.
© Carolina Menapace
® Birlibirloque
Glóbulo
y avanzo,
avanzamos en un flujo imparable,
por la enorme arteria que cruza este cuerpo que no duerme,
que corre como la sangre por las venas de la ciudad,
existo en ella
activo de día, de noche,
vuelvo a comenzar.
Sumergido en la corriente con mi traje de glóbulo
a veces abro los ojos,
no sé dónde estoy.
Me arrastra, se abre una brecha, penetro en ella.
Apretado uno junto a otro,
inmerso en un flujo cálido, húmedo, pegajoso,
adelantando distancias, ensimismado en lejanos rumbos,
obediente a secretos designios, únicos y arrogantes.
Miro otro glóbulo que raudo pasa a mi lado
cegado por la urgencia de llegar.
No importa adonde
todos avanzamos
hacia el mismo insondable destino.
© Erica Schwörer
® Birlibirloque
Fuego
Es imposible recordar todo.
Fuego es lo que necesito para calentarme,
en esta tarde nostalgiosa.
No se ve ni el suspiro,
tal es el estado del tiempo.
En este invierno que se asoma oscuro,
triste sin adornos,
ni los pájaros se animan a volar.
Me animé por la mañana a visitar el río.
Mi asombro fue que los pájaros silenciosos acometían,
cada uno a picotear
quien sabe qué alimentos.
© María Elsa Bravo
® Birlibirloque
Tengo un pez
que navega mis torrentes
un pez blanco bien blanco
se alimenta
de mi mala sangre
la convierte
en orquídeas salvajes.
Por la noche
abandona mi cuerpo
cubierto de escamas en plata
llega al río
que marrón lo aguarda
y
navega otras aguas
aumenta de tamaño
suelta aire y suelta y suelta
el aire que con sórdida esencia
se detuvo (intrépido)
por debajo de mi piel
sin aviso sin malicia sin sentido.
Regresa
apenas mis pestañas
aletean
al borde del amanecer
y
otra vez
mi pez blanco bien blanco
navega por mis torrentes.
Me navega.
© Cecilia Ortiz
® Birlibirloque
miércoles, 4 de abril de 2012
En la casa de los sueños realizados
Compartimos el final de la presentación de nuestro libro
AUN NO ESTÁ TODO DICHO
Todos tenemos un sueño estando despiertos, tener un sueño no es lo mismo que soñar mientras se duerme, y que ocho mujeres tuvieran el mismo sueño, un acontecimiento.
Llegamos a la Casa de los sueños sin darnos cuenta, estaba llena de gente. Nos preguntaron y contamos nuestro sueño. Lejos, al fondo del recinto detrás de un mostrador había una persona que respondía todas las preguntas que le hacían. Eso nos contaron. No sabemos cuánto estuvimos esperando, nos ayudó que eramos ocho soñando lo mismo. Por fin llegamos delante del mostrador y la persona que atendía nos sonrió apenas le contamos nuestro sueño. Saludó a cada una y nos acompañó hasta una doble puerta. Arriba de la misma decía: Salida.
Sorprendidas preguntamos. Y la respuesta fue, Ahora van a ir hasta la casa de los sueños realizados y la doble puerta se abrió. Salimos muy alegres. La primera mirada nos borró la sonrisa.
Delante nuestro no había nada. Para llegar a la Casa de los sueños realizados hay que hacerlo todo. No había letreros indicadores, no había asientos para descansar, ni un barcito para tomar un café. Nada que indicara que estábamos en el buen camino, o algo que dijera: no abandones tu sueño, sigue adelante... Y centímetro a centímetro avanzamos cada vez más juntas. Hasta que apareció replandeciente y blanca, la tan ansiada Casa.
Y aquí, en el video estamos casi saliendo de la Casa de los sueños Realizados. Estuvimos acompañadas por amigos, familiares, seres queridos.
A los seres queridos les agradecemos la paciencia de soportarnos mientras andábamos en el camino. Ya tenemos nuestro sueño. Ya saben el nombre.
Besos birlibirloqueros.
Nunca desistan de un sueño...
Irma, María Elsa, Lidia, Carolina, Cecilia, Remedios, Erica, Myrta
viernes, 23 de marzo de 2012
Presentación libro
miércoles, 29 de febrero de 2012
Aun no está todo dicho

Desde el juego literario a este libro, tomamos conciencia de nuestro paso por la literatura, escritores y técnicas.
Hemos viajado en poemas o la poesía viajó en nosotras.
Hicimos figuras geométricas o hermosas líneas rectas con el cuento.
Transitamos por las crónicas, entrevistas, editoriales del periodismo entre risas y seriedad.
Leímos el teatro. Inventamos autobiografías y diarios íntimos.
Surfeamos por el surrealismo y otras corrientes.
Nos envuelven la memoria, los silencios vueltos palabra escrita, las preguntas.
Descubrimos que el destino nos tendió una mano y aquí estamos en ocho expresiones que bordean o se zambullen para decir.
Y Birlibirloque, nuestro grupo de escritura.
Coordina Cecilia Ortiz
Cómo lo hicimos... habría que enumerar distintas situaciones, no es tal cual se cuenta más abajo, pues tenemos el hábito de crear textos, de imaginar historias, de sumar ideas, de dialogar y tener un sueño en común fue un gran desafío. Un desafío con forma de libro, algo que es en nuestra vida de lectoras tan importante. Nos desafiaba la palabra: escritoras.
Seguíamos con el cómo, dando vueltas a nuestro alrededor, poemas, relatos, cuentos breves.
Fueron muchas tardes entrelazadas en el proyecto, muchas horas debatiendo, muchos minutos leyendo lo que habíamos escrito para decidir qué publicábamos. Y lo decidimos.
Tiempo, sumado a tiempo.
Hasta que:
Erica confeccionó una larga lista de títulos, esa tarde nos divertimos mucho decidiendo cómo se llamaría nuestro libro.
A modo de prólogo, Cecilia soltó unas frases.
Carolina diseñó la tapa y cuidó la edición.
Entre todas corregimos y volvimos a corregir.
Vimos las pruebas, nos emocionamos.
De la imprenta salió el 29 de febrero a las 10,30 horas a. m. (hora de Buenos Aires) con el formato que ven en la fotografía.
Tiene casi 300 páginas.
Hecho en Ediciones Literarte.
Es nuestro.
Birlibirloqueras