Por el placer de estar juntas hacemos juegos con palabras. Nos reunimos una vez por semana y entre café y cosas ricas, creamos letras en libertad.

jueves, 20 de junio de 2013

Viví allí


 

 

Terreno pedregoso, caminos duros entre montañas
Ovejas paciendo en las laderas
Casas blancas de dos o tres plantas con patios descubiertos, con enredaderas que la brisa mece, con vientos con olor a hierba.
Pueblo con una calle ancha colina arriba, con callejuelas a ambos lados
Viví allí. Donde todos se conocen fisgonean y critican duramente. Donde el aburrimiento y el conocimiento que de mí tenían, los movió a perseguirme, a la vuelta del mercado.
Donde se produjo ese bochorno, empujones, insultos, manzanas por el suelo de tierra apisonada, risotadas.
Donde lo conocí. Alto, lindo, mirada penetrante, conminado a sumarse a este ataque despiadado.
Viví allí, donde tomó una manzana, se la puso en la mano, me miró y le dijo: “Dale duro, si realmente estás limpio y puro” y así les disipó el valor y les arruinó la diversión.
Donde junté las manzanas y rogué que el suelo me tragara.
Donde sin embargo, no me separé más de él, porque era fuerte, atractivo, seguro de lo que quería decir, y de la huella que quería dejar.
Y como tantos otros, viví allí, para asistir, acompañar y aprender a su lado.
Viví allí. Eran épocas de tiranía, donde pensar, soñar, decir eran un insulto, una irreverencia que debía ser castigada con el cuerpo miserablemente expuesto, desnudo y torturado.
Pronto este hombre sencillo que trabajaba en el taller de su padre, por sus actos y sus dichos fue conocido, sentido como gran amenaza que debía ser callada.
Viví allí donde el poder lo persiguió, lo capturó.
Después llegó la humillación, la tortura, la agonía.
Cuando murió seguí viviendo allí, porque creí encontrarlo en el terreno pedregoso, en los caminos duros entre montañas, en las enredaderas de florcitas blancas, en el suelo de tierra apisonada, en el odre compartido y en el olor a pan recién horneado.
Luego, dejé de vivir allí. Quise conocer gente, contar sus sueños, su palabra, su vida. En oro escribirlo para que el mundo como yo lo conociera y amara.

Y para muchos la historia comenzó allí.
Allí, donde yo viví.
Donde él vivió y murió
Donde comenzó su revolución.

 

©Irma Acuña

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