Por el placer de estar juntas hacemos juegos con palabras. Nos reunimos una vez por semana y entre café y cosas ricas, creamos letras en libertad.

jueves, 20 de junio de 2013

Mi paraguas y yo


 
 
Tenía un paraguas acomplejado. Siempre preguntaba por qué tenía que salir cuando estaba lloviendo.
Le expliqué siempre. Pero él insistía en sus preguntas, cada vez más frecuentes.
Lo saqué al balcón y lo dejé abierto boca arriba a pleno sol, en esos días de 36 grados a la sombra. Se lo veía tan feliz, que lo dejé. Por la noche escuché que golpeaba el vidrio muy despacito.
Salí pensando que se había insolado y me encontré con un paraguas diferente, creí que no era el mío, me confirmó que sí.
Tenía sed. Bebió tanta agua que quedó lleno hasta el borde. Me tranquilizó con movimientos casi de danza árabe.
Esa noche no dormí y me asomé al balcón cientos de veces.
Había cambiado de color o era la luna que lo alumbraba y se veía diferente. Dormí soñando que mi paraguas estaba lleno de sol y me despertaba con la habitación radiante de amarillo.
Al amanecer lo vi. Arcoíris hecho paraguas. Sin agua y luminoso.
No quiso estar más al sol.
Está en el paragüero. A veces lo escucho cantar.
Cuando llueve es el primero que llega a la puerta, en el ascensor casi no puedo contenerlo.
En la calle es un príncipe, delicado, no molesta.
Todos nos miran. Sí, nos miran. Porque mi paraguas parece una farola. Se le quedó el sol en  la panza, como dice él.

 

© Cecilia Ortiz
® Birlibirloque